jueves, 9 de noviembre de 2017

domingo, 15 de octubre de 2017

Aforistas españoles contemporáneos

El miércoles 18 de octubre tendrá lugar la presentación del libro sobre Aforismos que lleva el título de  CONCISOS, en el salón Eugenio Trias del Retiro (al lado de la antigua Casa de fieras), a las 19h.
Ignacio Gomez de Liaño, uno de los autores de los aforismos del libro, hablará en la presentación.Imagen en el mensaje

miércoles, 5 de abril de 2017

Ser y estar

Poniendo en un traductor de internet las expresiones "Soy feo. Estoy contento." encuentro que en el resto de lenguas ibéricas de origen latino se distingue el "ser" del "estar": 

Son feo. Estou contento.
Sóc lleig. Estic content. 
Eu sou feio. Eu estou contente.

mientras que en las otras lenguas que he probado, sean o no de origen latino el verbo que se utiliza es el mismo: 

Itsusi nago. Pozik nago.
Je suis laid. Je suis content.
Sono brutto. Sono contento.
Sunt urât. Sunt ferici.
Ich bin hässlich. Ich bin zufrieden.
I am ugly. I am satisfied.
我很丑。我很高兴。
أنا قبيحة. أنا سعيد.

Escoger entre "ser" y "estar" resulta difícil para los extranjeros. Suelo explicarles que "ser" implica algo esencial, mientras que "estar" implica temporalidad. El que "es feo", es feo aunque con un buen maquillaje "esté guapo". El que "está contento", lo está temporalmente, quizás por mucho tiempo, pero no parece posible que lo esté siempre.

Naturalmente la regla no es una norma física, sino psicológica. Depende de la percepción que tengamos de la relación del sujeto con el atributo. Así decimos que "el cielo es azul", pero si un extenso manto de nubes amenaza tormenta, diremos que "está gris". Aunque de noche lo veamos negro, también vemos negro el techo de nuestro dormitorio cuando apagamos la luz. Pero cuando la encendemos o sale el sol, vemos perfectamente que el techo "es" blanco y el cielo "es" azul.

En latín tanto "soy" como "estoy" se traducen por "sum", aunque muchas veces ni siquiera es necesario poner el verbo "esse". En el Ave María, por ejemplo, se dice en latín: "Gratia plena" y "Dominus tecum". En castellano, en el primer caso se podría haber suprimido también, traduciendo "llena de Gracia", pero el traductor, que podía haber utilizado en los dos casos el verbo "estar", utilizó el verbo "ser": "llena eres de Gracia, el Señor es contigo", y lo hizo, supongo, intencionadamente para recalcar que el estar llena de Gracia y que el Señor está con Ella, no es algo transitorio y circunstancial, sino esencial en el caso de la Madre de Dios.


miércoles, 8 de febrero de 2017

Tetraedrón

A mediados de los años 70 decidí escribir una grandiosa epopeya de ciencia-ficción en cinco volúmenes. En cada uno de los tomos de la pentalogía se encontraría uno de los cinco objetos que, ensamblados convenientemente, formarían el fabuloso Tetraedrón que daría nombre a la epopeya. 

Cuando llevaba escritas unas treinta páginas del primer tomo comprendí amargamente que escribir cinco volúmenes de aventuras espaciales superaba mis capacidades, así que algo deprimido (no mucho, la verdad) abandoné el proyecto. Años más tarde, a finales de los 90, decidí que, aunque no escribiera cinco tomos, no era cuestión de dejar a medias el relato (obsérvese el cambio de "epopeya" a "relato"), con lo que, reduciendo varios de los tomos a un par de páginas cada uno, terminé por escribir una novelita de 167 páginas.

A principios del siglo XXI me dí cuenta de que la teoría "científica" en la que se basaban los viajes espaciales en el relato estaba equivocada. Podía haber aprovechado para meter la novelita en el cubo de la basura de Windows, pero en vez de eso añadí un apéndice explicando donde estaba el error. Y ya puestos, añadí un segundo apéndice sobre el juego del Tonomi, al que la princesa del relato juega en un determinado momento.

En Noviembre de 2011 empecé a publicar este blog, y una de las cosas que hice fue publicar en él, a trozos, la dichosa novela. Honestamente no creo que nadie se haya animado a leer a lo largo de tres años las 66 entregas, y tampoco creo que nadie vaya a dedicarse a la engorrosa tarea de leerlas ahora extrayendo del blog las entregas de una en una. Así que, por si alguien se anima, las he puesto todas juntas y pueden verse haciendo clic AQUÍ o descargarse haciendo clic en TETRAEDRÓN.   


    

miércoles, 18 de enero de 2017

Reflexiones sobre el fin de la eternidad

"El fin de la eternidad" es el título de un relato de 1955 de Isaac  Asimov, que he leído recientemente. Al hecho de no haberlo leído aún, a pesar de ser un lector asiduo de ciencia-ficción, se añadía la posibilidad, sugerida por el título, de que Asimov tratara en el relato algún aspecto científicamente interesante o filosoficamente trascendente.  

Habiéndose descubierto la forma de crear una especie de tiempo paralelo, desde el que, mediante unos ascensores temporales, se puede visitar el tiempo normal en cualquier fecha, los "eternos" toman como misión el evitar que se produzcan crisis que puedan dañar a la humanidad. Estos "eternos", hombres normales para los que el tiempo "biológico" sigue pasando incluso cuando están en ese espacio paralelo (¿paratiempo?), introducen en sus visitas al tiempo real pequeñas variaciones (cambiar de sitio un jarrón, por ejemplo) que por el "efecto mariposa" consiguen evitar que esas crisis se produzcan. A ese "paratiempo" le llama Asimov "eternidad".

Una de las leyes de la "psicohistoria" que Asimov utiliza en su famosa trilogía de la "Fundación" es precisamente que las civilizaciones cuando más avanzan es cuando consiguen superar las peores crisis con inteligencia e imaginación. En "El fin de la eternidad" los hombres de un lejanísimo futuro se dan cuenta de este hecho y de que, por culpa de haber evitado que se produjeran crisis, la humanidad es solo una poco desarrollada civilización, mientras que otras especies extraterrestres, que no las han evitado, se han hecho dueñas del universo. Por eso deciden introducir en la "eternidad" una mujer que, junto al protagonista, consiguen modificar el pasado de forma que la "eternidad" no llega a ser descubierta (o sea: el fin de la eternidad), con lo que las crisis no podrán ser evitadas y la civilización humana podrá desarrollarse plenamente.  

Hay que reconocer que "El fin de la eternidad" es un título mucho más atractivo que "El fin del paratiempo", pero la vida en esa "eternidad" tiene poco que ver con lo que normalmente se entiende por "vivir eternamente": vivir durante un tiempo infinito. Pero ¿es infinito el tiempo? Actualmente sabemos que el universo se originó en una gran explosión hace unos 13.800 millones de años. Y también que junto al universo se originó el tiempo. El tiempo, hacia el pasado, no es por tanto infinito. En cuanto al futuro no sabemos con certeza si el universo seguirá expandiéndose por un tiempo infinito, acabando en una "muerte térmica" (un estado de atonía total, sin energía) o si comenzará a contraerse hasta convertirse en una singularidad, simétrica de la que produjo la gran explosión original, en cuyo caso también el tiempo tendría un final.

Los cristianos creemos que Dios creó el universo o, lo que es lo mismo, que provocó la gran explosión que creó el universo y, con él, el tiempo. Eso parece indicar que Dios existía antes de crear el tiempo. Pero no, Dios no podía existir "antes", porque si no existía el tiempo, tampoco existía un "antes". Dios existe, pero "fuera del tiempo". Y "fuera del espacio". Y a ese "fuera del tiempo y del espacio" es a lo que llamamos "eternidad". Y a vivir en esa eternidad, fuera del tiempo y del espacio, es a lo que llamamos "vida eterna". 

Decimos que Dios lo ve todo, que está en todas partes. También decimos que es todopoderoso. Por tanto debemos creer que, además de ser capaz de crear el universo, puede intervenir en él introduciendo modificaciones desde la eternidad. Esas intervenciones pueden ser tan drásticas como hacer que un cojo ande o que un ciego vea. Las llamamos "milagros". Pero también pueden ser modificaciones mínimas que, por el famoso "efecto mariposa", consigan producir a la larga cambios que adecuen el universo a sus intenciones. Una simple partícula, por ejemplo, choca contra un asteroide, que sufre un desviación imperceptible en su trayectoria. Siglos más tarde, en vez de pasar de largo, impacta contra la Tierra provocando la extinción de los dinosaurios, y que la Tierra se vaya adaptando para  acoger a la humanidad.

Estoy describiendo la acción de Dios como la acción de los "eternos" de Asimov. Entonces ¿por qué Dios no utiliza ese poder para evitarnos las maldades, las guerras, las crisis... que asolan la Tierra? ¿Será quizás por una razón parecida a la que Asimov esgrime para poner fin a su "eternidad", aunque con fines menos materiales?