lunes, 15 de septiembre de 2014

Tetraedrón - 35 - Como viajar en el espacio-tiempo

Toyaza se cruzó en su camino como una exhalación silenciosa, y Daniel, que desconocía su existencia, apenas si pudo tan solo comprobar que no se tra­taba de su padre.

Corrió aún con más ímpetu, temiendo que a Javier le hubiese sucedido algo, y, cuando entró en el hangar, lo encontró tendido en el suelo junto a la rampa de acceso a la astronave.

No estaba muerto, sino solo conmocionado.

‑ ¿Qué ha ocurrido? ‑ preguntó Daniel cuando su padre volvió en sí.

‑ Que me he descuidado. ‑ contestó este ‑ El maldito marciano me prometió que no intentaría nada contra mí mientras estuviéramos dentro de la astro­nave, y ha cumplido su promesa: me golpeó justo en el momento en que puse los pies fuera.[1]


[1] Dado que resulta imposible viajar a una velocidad superior a la de la luz, el lector se preguntará como, si Javier y Toyaza viajaron a un planeta situado a más de doscientos años-luz, pudieron estar de vuelta en la Tierra al día siguiente de haber salido.

Si el viaje se hubiese realizado en el espacio tridimensional habitual, el tiempo habría efectivamente corrido, pero recordemos que por cada punto de uno de los espacios pasan tres planos que corresponden a instantes determinados de los tiempos de los otros tres. Si la astronave es capaz de pasar a uno de esos espacios a través del plano común, podrá moverse por él. Pero en ese espacio, una de las direcciones corresponde al tiempo del espacio de partida, así que si solo se mueve en el plano perpendicular a ella, aunque viaje durante miles de años del tiempo de ese espacio, no habrá transcurrido ni un segundo del nuestro.

Veámoslo gráficamente, suponiendo para ello que el espacio cuatridimensional es tridimensional, y que los espacios tridimensionales son bidimensionales:


Nuestro espacio tridimensional habitual está representado por el plano XY, representando los planos XZ e YZ los otros espacios tridimensionales. El eje Z es el tiempo sobre el que se desplaza el espacio XY, y los ejes X e Y son los tiempos sobre los que se desplazan los otros dos. Si queremos ir directamente del punto A al B de nuestro espacio, nuestro plano se habrá movido sobre el eje del tiempo tanto tiempo como haya durado el viaje (doscientos años a la ida y otros doscientos para volver, en el caso de Javier y Toyaza):



Pero si cambiamos de espacio y nos situamos en un plano paralelo al espacio YZ,



cuando nos movamos en él, el tiempo que transcurrirá será el que corresponde a ese espacio (a lo largo del eje X),


con lo que el problema se reduce a controlar el recorrido y la velocidad a la que se mueve la astronave para que, al volver a pasar al espacio de partida, se encuentre en las cercanías del punto de destino.

Si el punto B estuviera en una parte del plano XY con coordenadas inferiores al punto A (en tiempos anteriores para los otros espacios), habría que hacer un doble cambio de espacio (triple, en el espacio cuatridimensional), ejemplificado en los siguientes dibujos:



Puede parecer que queda un problema por resolver: En un viaje de este tipo, para la nave y los viajeros pasaría una enorme cantidad de tiempo, con lo que los viajeros deberían morir por el camino, y la nave tendría que llevar cantidades ingentes de combustible, por no hablar del desgaste de los motores. Pero esto no es así: en el espacio vacío la nave, con el impulso inicial, se mueve con movimiento uniforme, sin gasto adicional de combustible. Y, lo más importante, la materia de cada uno de los cuatro espacios está ligada al tiempo de ese espacio y, cuando se está en otra cara del tetraedro, no moviéndose en la dirección del tiempo de su propio espacio, el tiempo no pasa para ella.

La única forma de pasar de una cara a otra, cambiando la dependencia del tiempo propio por el de otra cara, es hacerlo a través un punto sincrónico entre los dos espacios (ver nota de la entrada 32) y, en particular, en el Palacio de Cristal en el Vértice del Tiempo.