lunes, 20 de octubre de 2014

Cambio de moneda

Hace unos días, al salir de casa, me llamó un hombre que estaba al volante de un coche rojo, aparcado en la puerta del garaje de la casa de enfrente.

- Perdone. ¿Hay algún Citibank por aquí cerca? - me preguntó el hombre, que imaginé sería un hispano de Estados Unidos.

- Pues no. Me parece que no hay ninguno por aquí.

- Es que quería cambiar unos dólares por pesetas.- me dijo enseñándome el fajo de dólares que llevaba en la billetera.

- Ya no funciona la peseta. En España ahora la moneda es el Euro.

- ¡Ah!... ¿Y sabe a cuanto está el cambio? 
 
- Pues, no sé... un dolar con veinte por euro, más o menos.

- ¿Y de qué  color son los euros?

La pregunta me desconcertó: ¿qué importa el color?

- ¿Puede enseñarme alguno? - insistió.

Saqué la billetera y le enseñé el único billete de veinte euros que llevaba. Él asintió, me dio las gracias y me marché.

Mientras me iba pensé: ¿Esto no me había ocurrido ya otra vez? ¿era un "dejà -vu"?... No. Seguro. Fue hace dos o tres años. Incluso el coche era rojo también la otra vez.

Pero... ¿puede pasar una cosa así dos veces? 

Por supuesto que no, a menos que...

Cuando él me preguntó si había cerca un Citibank, la respuesta que esperaba era seguramente que no, pero que era inútil que buscara uno porque era sábado y lo encontraría cerrado. Entonces se habría lamentado porque necesitaba cambiar dólares.

No se lamentó, pero me dijo que quería cambiar dólares por pesetas y me enseñó el fajo de billetes. Lo del fajo era para que yo me diera cuenta de que podía hacer un buen negocio. Lo de las pesetas, para que pensara que tenía un despiste monumental.

Supongo que la reacción mía, diciendo que ahora se usaban los euros, era la que esperaba y me preguntó a cuanto estaba el cambio. Si yo hubiera sido "listo" le habría dicho que a uno ochenta o a dos dólares por euro. Yo debía tener claro que él no tenía ni idea y que aquel fajo de dólares, seguramente falsos,  era para mí.

Como le dije una cifra que era aproximadamente correcta, me preguntó por el color de los euros y yo le enseñé mi billetera prácticamente vacía, con lo que debió llegar a la conclusión de que le iba a costar trabajo hacer negocio a costa mía.

Conclusión: si esto me ha pasado dos veces es que debo ser un poco despistado y tener cara de tonto.