jueves, 30 de octubre de 2014

Tetraedrón - 38 - Lo que dice el Tonomí

Al entrar en la habitación, la encontró totalmente a oscuras salvo la zona donde se encontraba Laemí, sentada ante una mesa frente a otra muchacha rubia que le daba la espalda y que en ese momento estaba hablando.

- Lo que dice el Tonomí es que no debo suicidarme, ni casarme con Nar.

- ¿Que haces aquí? - preguntó Laemí al ver a Daniel.

La otra joven se volvió hacia él.

- ¿No ves que estoy consultando el Tonomí? – le dijo esta, que era tan idéntica a Laemí que Daniel quedó confundido.

- ¿Cuál de vosotras es Laemí?

- Empiezo a creer que realmente no eres de aquí. – dijo la que estaba de frente.

- Estate quieto y callado, - dijo la otra – ya te he dicho que estoy consultando el Tonomí.

Daniel vio que encima de la mesa, formando un curioso y colorido dibujo, había una serie de fichas triangulares, algunas de un solo color, la mayoría divididas en dos partes iguales con  colores distintos.

- Ahí fuera hay cuatro hombres asesinados – dijo Daniel indignado - ¿y vosotras no tenéis nada mejor que hacer que jugar a los colorines?.

- ¡Estate quieto y callado! – repitió la que se había vuelto hacia él, apuntándole con lo que debía ser algún tipo de pistola. – ¡Necesito concentración para entender lo que me dice el Tonomí!        

Daniel se calló y se quedó observando, aunque pensó que, aunque le disparara, lo más que ocurriría sería que se despertaría, como ocurrió cuando Amanir y Bajeper le atacaron en el Palacio de Cristal.

Una de las dos posibles Laemí adosó, por el lado marrón, una ficha marrón y azul a otra que era marrón entera. La otra miró atentamente sus fichas y sacó una, azul y negra, que adosó a la anterior. Después las dos guardaron silencio un rato, observando el dibujo formado por las fichas en la mesa.

- Es extraño... – dijo una de ellas. – Huir.

- ¿Huir?... – dijo la otra. – Podría ser la respuesta. ¿Pero cómo?. Todas las salidas están vigiladas.

El Tonomí, pensó Daniel, debe ser el equivalente dailliano del Tarot terráqueo... o de la lectura de los posos del té. El nivel científico y tecnológico de un pueblo no parece influir para nada en su credulidad en temas adivinatorios.

- ¿A donde conduce el río subterráneo que pasa por debajo del templo? – preguntó.                                           

Las dos le miraron sorprendidas.

- ¿Un río subterráneo?

- He entrado en el templo levantando una losa desde unas escaleras que llevan a un río subterráneo.                  

- ¿Y no te han atacado los naladizos?


- Los naladizos se han escapado por el río subterráneo.