lunes, 24 de febrero de 2014

Romance anónimo de la loba parda

Este romance, aunque anónimo, no sé si es muy antiguo. Lo tomé, para ponerle música, de una antología de la poesía española (editada por AFHA Internacional S.A. en la colección Nuevo Auriga orientada a jóvenes) en la que no pone fecha. 

video

--*--

Estando en la mía choza
pintando la mi cayada,
las cabrillas altas iban 
y la luna rebajada; 
mal barruntan las ovejas,
no paran en la majada.

Vide venir siete lobos
por una oscura cañada.
Venían echando suertes
cuál entrará a la majada;

le tocó a una loba vieja,
patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos
como puntas de navaja.
Dio tres vueltas al redil
y no pudo sacar nada;

--*--

a la otra vuelta que dio,
sacó la borrega blanca,
hija de la oveja churra, 
nieta de la orejisana, 
la que tenían mis amos
para el domingo de ascua.

- ¡Aquí mis siete cachorros,
aquí, perra trujillana,
aquí, el de los hierros, 
a correr la loba parda!

Si me cobráis la borrega, 
cenaréis leche y hogaza;
y si no me la cobráis,
cenaréis de mi cayada.
Los perros tras de la loba
las uñas se esmigajaban;

--*--

siete leguas la corrieron
por unas sierras muy agrias.
Al subir un cotarrito
la loba ya va cansada:
- Tomad, perros, la borrega,
sana y buena como estaba.

- No queremos la borrega,
de tu boca alobalada, 
que queremos tu pelleja
pa´ el pastor una zamarra;

el rabo para corres,
para atacarse las bragas;
de la cabeza un zurrón,
para meter las cucharas;
las tripas para vihuelas,
para que bailen las damas.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Lemaître

Victor Lemaître había cursado sus estudios de biología con brillantez. Por eso el afamado Profesor Melquisedec, que además era amigo de su padre, había aceptado tutelar su carrera y, cuando el Iván Alvarez (ruso de padre argentino), al que también conocía, creó en Stalingrado la Academia de Ciencias Paranormales, consiguió que Lemaître se incorporara a ella.

Aunque, dada su poca experiencia, el puesto no era muy importante, Lemaître llegó a desempeñar, en los seis años que estuvo en Rusia,  un papel relativamente relevante hasta que, dadas las frecuentes purgas ideológicas que con regularidad tenían lugar en la U.R.S.S., Alvarez y todo su equipo fueron separados de la Academia, y Lemaître tuvo que volver a España.

Fue entonces cuando le conocí, presentado por un amigo común, que me dijo que había fundado la Academia de Stalingrado y había sido el discípulo favorito del Profesor Melquisedec, fallecido unos años antes (lo que había impedido que le dirigiera una tesis doctoral).

Que el Profesor Melquisedec le conocía y le apreciaba está fuera de toda duda. Que fuera su discípulo favorito es posible. Lo que evidentemente era una exageración es decir que había fundado la Academia de Stalingrado por el solo hecho de haber trabajado allí desde los primeros días. En todo caso, yo no tenía por qué dudar de las palabras de mi amigo y, además, la afirmación era difícilmente comprobable, dado que por entonces las relaciones entre España y la U.R.S.S. eran nulas y no existía Internet. Además, aunque sus palabras influyeron sin duda en que solicitara al rectorado de la Universidad Turolense de Madrid que se contratara a Lemaître como mi segundo en el Labotatorio de Exobiología Esotérica, no fueron determinantes.

Lemaître tenía una personalidad magnética y una facilidad de palabra extraordinaria; unos conocimientos sobre exobiología paracientífica incuestionables, y una apariencia un tanto desaliñada, pero atractiva (todas las empleadas del laboratorio terminaron enamorándose de él). Naturalmente, no era perfecto, pero su principal defecto tardé bastante en descubrirlo: estaba convencido de ser absolutamente superior a los demás (cosa que, todo hay que decirlo, no era el único en creer, empezando por las mencionadas empleadas del laboratorio).

Supongo que desde el primer momento se consideró superior a mí (y no voy a discutir si lo era o no lo era), pero yo no empecé a darme cuenta hasta cuando se me ocurrió pedir a nuestro Rector que escribiera el prólogo de un libro que él había escrito con varios colaboradores. El Rector, después de alabar el interés y la calidad del trabajo realizado por los autores, al final del prólogo alabó también mi labor como director del laboratorio. Victor estalló en cólera, poco menos que acusándome de haberme confabulado con el Rector para adjudicarme un mérito que solo a él correspondía.  

"Yo sé cómo se hace eso", me dijo. Y esta frase, más que su enfado momentáneo, fue la que me hizo empezar a dudar de él. ¿Era pura casualidad que algunas revistas, al hablar de nuestro Laboratorio, solo citaran frases suyas? 
  
Xabi Jarraitu, uno de nuestros colaboradores externos, me pidió en cierta ocasión que avalara con mi firma su petición a la Fundación Carmen Collares de una ayuda a la investigación (de mayor entidad que las que concedía el propio Laboratorio). Previamente se lo había pedido a Lemaître, y este le había dicho que sí, pero a condición de figurar él como director del proyecto. Jarraitu estaba harto de que sus ideas terminaran apareciendo en artículos de Victor, en los que no siempre mencionaba a sus colaboradores, dando la impresión de que eran suyas. Según él, el noventa por ciento del prestigio de que gozaba Lemaître se debía a esta táctica, que empleaba sistemáticamente.

Mi secretaria me trajo un día una carta dirigida al Mr Victor Lemaître, Direttore del Laboratorio di Esobiologia Esoterica. Le dije que se la pasara a Victor. Unos días después me trajo otra análoga, pero en francés. Victor me explicó entonces que él siempre firmaba como Director del Área de Exobiología Paracientífica del Laboratorio de Exobiología Esotérica de la Universidad Turolense de Madrid, pero que, al ser un título tan largo, los remitentes lo acortaban. Le dije que el cargo que debía poner en sus cartas era el de Subdirector del Laboratorio, ya que, aunque era verdad que él se encargaba de ese área, no existía ese puesto de director.

Nuevo enfado de Lemaître: si no podía usar el título de director, no volvería a ocuparse del área de exobiología paracientífica. Pensé que pronto se le pasaría el enfado, y volvería a ocuparse del área, pero no lo hizo ni siquiera después de marcharme yo del Laboratorio, dejándole a él como director.

Y cuando digo "dejándole" quiero decir que le dieron a él el puesto porque yo apoyé sin reservas su candidatura. A pesar de los roces que habíamos tenido, yo seguía creyendo que él sería un buen director. Además, si no le apoyaba, me quedaría la mala conciencia de haberlo hecho por venganza (o peor, por envidia).

Como, al dejar él de dirigirla, me había encargado yo directamente del área de Exobiología Paracientífica, continué yendo algunas tardes al Laboratorio como colaborador externo, y propuse a un joven biólogo para que el Laboratorio le diese una beca que le permitiera trabajar en su tesis doctoral bajo mi dirección. No se la dieron. Lemaître argumentó que yo no tenía preparación suficiente para dirigirle la tesis. 

viernes, 14 de febrero de 2014

domingo, 9 de febrero de 2014

Italiano-francés-español

Los idiomas español, italiano y francés tienen su origen en el latín. Por eso muchas palabras se parecen.  Y por eso, a veces, tenemos la tentación de usar palabras de nuestro idioma en otro, cambiándoles simplemente la terminación.

Un amigo me contaba que, en cierta ocasión, al arrancar el autobús en que se desplazaba por Roma,  le dio un pisotón a una señora y, para disculparse, le dijo: “Mi scusi per aberla pisato”. Lo que mi amigo no sabía era que “pisar” se dice “calpestare” en italiano, mientras que “pisare” es “orinar”.

Yo trabajé varios años en Italia, y conmigo trabajaba una italiana que se llamaba Margherita.  Tuvimos una temporada una secretaria francesa que, si no recuerdo mal, se llamaba Françoise. El día en que llegó nos fuimos a comer los tres juntos. Desde nuestra mesa se veía un espléndido panorama de los Alpes nevados, por lo que la conversación se dirigió en seguida  hacia la belleza del paisaje. Y Margherita, que sabía algo de francés dijo:

“Que ça serait beau d’aller salir la montagne!”.

Ella quería decir "¡Que bonito sería ir a subir a la montaña!", porque en italiano “salire” significa “subir”. Pero en francés “salir” es “ensuciar”, por lo que Françoise la miró sorprendida y le dijo:

“Aller salir la montagne?”

“Mais oui.” contestó Margherita, “Aller salir la montagne. Aller scier.”
   
“Sciare” en italiano significa “esquiar” y se lee “chiare”, de forma que lo que Françoise oyó fue:

“Mais oui. Aller salir la montagne. Aller chier.”

Por lo que lo que entendió fue:

“Claro. Ir a ensuciar la montaña. Ir a cagar.”

Imaginaos la cara de Françoise al oír semejante propuesta.

martes, 4 de febrero de 2014

Indecidibles

Nº 1
“Esta frase tiene dos herrores.”
¡Pues  yo solo veo uno!: la hache.  La frase es errónea.
Si la frase es errónea, hay efectivamente dos errores.
¡Ah! Pero… si hay dos errores, la frase no es errónea y, por tanto, solo hay uno…

Nº 2
“Lo que afirma esta frase es falso.”
Vale…  como lo que afirma es que lo que afirma es falso, se deduce que lo que afirma es verdadero. Pero… si lo que afirma es verdadero… lo que afirma es falso…

Estas dos frases son ejemplos de lo que se llama “indecidibles”. El método más sencillo de hacer un “indecidible” es, como se ve quizás más claramente en la segunda, afirmar lo que se niega o negar lo que se afirma.

Nº 3
“¿Puede Dios, que es omnipotente, crear una piedra que Él mismo sea incapaz de levantar?”
Si no puede crearla no es omnipotente. Y si la crea, no puede levantarla,  y no es omnipotente.
Este es uno de los argumentos favoritos de algunos ateos para intentar demostrar que no puede existir un Dios omnipotente, pero en realidad no demuestra nada. Es un “indecidible”: Niega (es incapaz de levantar la piedra) lo que afirma (es omnipotente, puesto que la crea).  O niega (no puede crearla) lo que afirma (si la creara, como es omnipotente, podría levantarla).

Nº 4
Elaboremos un indecidible un poco más complicado:
Los adjetivos calificativos sirven para expresar una calidad o cualidad de algo.
Hay adjetivos que tienen la cualidad que expresan. Por ejemplo, el adjetivo “corto” es corto.
El tener la cualidad que expresan es una cualidad, y esa cualidad podemos expresarla mediante un calificativo. Diremos que un calificativo que tiene la cualidad que expresa es “autocalificativo”.
Otros adjetivos, probablemente la mayoría, no tienen la cualidad que expresan. Por ejemplo, el adjetivo “largo” no es largo.
Diremos que un calificativo que no tiene la cualidad que expresa es “antiautocalificativo”.
¿El adjetivo “antiautocalificativo” es antiautocalificativo o es autocalificativo?

Nº 5
La editorial Jenofonte se precia de que en los 9.998 libros que ha publicado no se ha deslizado ni un solo error. Pero por culpa de las nuevas tecnologías (internet, Google, los blogs,…) se ve obligada a cerrar. Los directivos de la editorial Jenofonte deciden retirarse del mercado con 10.000 libros publicados y, por tanto, publicar dos más.
Y publican como libro 9.999 una relación de todos los libros que han publicado y que se citan a sí mismos. Se incluyen en la relación los libros de matemáticas que, para demostrar un teorema, citan teoremas demostrados con anterioridad. Se incluyen las reediciones de grandes clásicos, prologados por expertos que mencionan la importancia del texto prologado para la literatura universal. Se incluye “La historia interminable”  de Michael Ende, en la que uno de los protagonistas está leyendo un libro que es precisamente “La historia interminable”…
Se hace una edición lógicamente reducida, y se regala a bibliotecas y a críticos expertos.
Y se decide publicar como libro 10.000 la relación, complementaria de la anterior, de todos los libros que no se mencionan a sí mismos. Pero… entonces surge el problema: ¿debe figurar el libro 10.000 en la relación?
Si figura, se cita a sí mismo y no debería figurar. Pero si no figura, no se cita a sí mismo y, por tanto, debía figurar.
Estamos ante un “indecidible”…  pero este caso se puede arreglar poniéndole un pequeño prólogo que diga algo así como “Este libro contiene una relación de todos los libros publicados por la editorial Jenofonte que no se citan a sí mismos”.
Solo, un problema:  El libro se cita a sí mismo y, por tanto, debería haber figurado en el libro 9.999 previamente editado.

Nº 6
Un “conjunto” es, como su nombre indica una colección de entidades: “cuatro sillas”, “los números pares”, “los rías de España”,…
Un conjunto es una entidad, por tanto pueden construirse conjuntos cuyos elementos sean a su vez conjuntos, y cualquier conjunto puede ser un elemento de otro conjunto.
¿Puede un conjunto contenerse a sí mismo como elemento? … La verdad es que no estoy muy convencido de que esto sea posible, pero lo que sí es evidente es que existen conjuntos (quizás todos) que no se contienen a sí mismos como elementos..
Consideremos el conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos. Este conjunto ¿se contiene o no se contiene a sí mismo?

Nº 7
Los que no leáis este ejemplo, hacedme un comentario en el blog.