martes, 20 de marzo de 2012

Los gedeones

Esta historia no ha ocurrido todavía, pero ocurrirá. Ocurrirá dentro de tan­to tiempo, que los hombres se habrán cansado de ponerles número a los años y habrán comenzado de nuevo a ponerles nombre. Ocurrirá en el Año del Cama­león, primero, después de muchos, en el que el nombre corresponderá a un ani­mal de la vieja Tierra.

No le pondrán nombre a los años continuando la olvidada costumbre de las ra­zas orientales del planeta madre, sino que será una costumbre nueva, reinven­tada por los comerciantes interestelares de la futura sociedad de consumo.

El año anterior habrá sido el Año del Microsaurio, la feroz pulga salvaje de Alfa‑Centauro y, a pesar de los enormes estragos causados por los exóticos animales en todo el universo, habrá sido un año de pingües beneficios para los astutos comerciantes promotores del nombre.

La idea de escoger al camaleón para el siguiente año parecerá una idea afor­tunada, dada la extraordinaria habilidad del camaleón, con su larga lengua enrollable, para capturar a los cientos de peligrosos microsaurios que ha­brán escapado de sus descuidados amos.

Pero esta no es la historia de un millonario con tres camaleones. Ni la de un rico hombre de dos. Ni la de un hombre acomodado, afortunado poseedor de solo uno. Ni siquiera es la historia de un hombre. Nuestro héroe tendrá tan solo seis años estandar y habrá justamente acabado de estudiar el Bachille­rato Unificado y Polivalente.

Bachillerato Unificado y Polivalente será un nombre anacrónico e inapropia­do, ya que el conjunto de materias que abarcará no tendrá la más mínima uni­dad y, además, todo el mundo estará de acuerdo en que no valdrá para nada. Pero un nombre es un nombre. Millones de maestros habrán pasado sus vidas intentando hacer comprender a sus alumnos el contenido de esas materias, y algunos lo habrán incluso conseguido, pero habrán sido maestros anónimos, de los que apenas si sus propios alumnos recordarán el nombre. Su único con­suelo será la satisfacción del deber cumplido y el saber que el del político, que acuñó tan estrafalario nombre, tampoco ocupará un lugar en la, por desgracia, no muy extensa lista de los grandes pedagogos de la humanidad.

De todas formas, en el Año del Camaleón, ya no habrá maestros, y el B.U.P. se aprenderá con ayuda de un videoterminal conectado por microondas al orde­nador más cercano.

El día en que comenzará nuestra historia estará Ged, o Gedeón, que será el nombre completo de nuestro protagonista, sentado ante su videoterminal, te­cleando algunas preguntas de tipo informal.

POR QUE SON AMARILLAS LAS NUBES ?

El rostro programado en el visor se quedará unos instantes inmóvil, en espe­ra de que los complejos programas que lo animarán analicen la insólita pregunta y encuentren la respuesta adecuada en el vasto almacén de datos del ordenador. Luego sonreirá plácidamente y, mostrando una roja manzana, que habría hecho palidecer de envidia a la ya olvidada bruja de Blancanieves, pre­guntará con voz dulzona:

‑ ¿De que color es esta manzana?

ROJA, tecleará Gedeón.

Esta vez el rostro no se quedará inmóvil, porque Ged habrá contestado exac­tamente lo que el programa estará esperando.

‑ ¿Y este pimiento?

VERDE.

‑ ¿Y esta bola de cristal?

AZUL.

‑ Muy bien, Ged. ‑ la máquina siempre le llamará por su diminutivo en los momentos en que créa más pedagógico ganarse su confianza ‑ ¿Quieres repe­tirme la pregunta?

POR QUE SON AMARILLAS LAS NUBES ?

Nuevamente el rostro programado permanecerá inmóvil. Luego dirá:

‑ Eres un chico muy imaginativo, Ged, pero las nubes son blancas en todos los mundos habitados por el hombre, salvo al amanecer y al anochecer, cuan­do, por efecto de la refracción de la luz solar...

Gedeón apagará el videoterminal sin esperar el final y saldrá de la inmóvil astronave a sentarse sobre las violáceas hierbas del prado. El intenso azul de Sirio brillará solemne en el verde cielo de su planeta natal, mientras unas tenues nubes amarillas se deslizarán suaves sobre las rojizas crestas de las lejanas montañas del horizonte.

'Así pues', pensará Gedeón, 'no hay allí nubes amarillas. Deben de ser mun­dos perfectos.'

Y un plan comenzará e forjarse en su activa mente, aprovechando las facili­dades que le ofrecerá la enseñanza controlada por ordenador.

'Tiene sus defectos', seguirá pensando, 'pero, en conjunto, no está mal. per­mite a cada cual aprender a su propio ritmo, sin verse frenado por la velo­cidad de aprendizaje de los demás. Si en vez de haber encontrado la astrona­ve hace seis meses, la hubiese encontrado poco después de nacer, habría podi­do ya haber completado todos los estudios superiores que el hombre ha sido capaz de programar. Fue tan fácil... todo empezó porque me di cuenta de que los signos, que estaban pintados er el exterior de la astronave, se encontra­ban también en el teclado del videoterminal: G, E, D, E, O, N,...'

En ese momento algo interrumpirá los pensamientos de Ged. Algo que avanzará hacia él en línea recta con suaves movimientos ondulantes: Una semiesfera rosada, de un tercio de metro de diámetro, tierna y vibrante como un pastel de gelatina, impulsada ágilmente por los cincuenta rojizos deditos que con­tornearán su perímetro.

Un escalofrío inexplicable recorrerá la azulada superficie de Ged: nunca ha­brá visto nada tan maravilloso.

La semiesfera rosada se parará a unos metros, al descubrirle, y sus colores se volverán súbitamente más intensos.

Entonces Ged tomará la iniciativa y se acercará a ella, describiendo un len­to círculo a su alrededor, al tiempo que, con toda la agilidad de sus cincuenta dedos azules, girará a gran velocidad sobre si mismo.

Luego se parará a solo unos centímetros de la semiesfera rosada y, alargando uno de sus deditos, rozará suavemente uno de los de ella.

Ella, con un saltito, se alejará un poco de él, y él volverá a describir un lento círculo a su alrededor, girando al mismo tiempo velozmente sobre si mismo. Después, nuevamente a solo unos centímetros, volverá a alargar uno de sus dedos azules y a rozar uno de los rojizos de ella. Pero esta vez ella, fascinada, se dejará acariciar, y entonces él, alargando un segundo dedo, lo enlazará con los de ella. Y luego otro y otro dedo... hasta que las dos se­miesferas quedarán unidas formando una única esfera con un ecuador de dedos entrelazados.

La esfera comenzará a vibrar y a inflarse lentamente, adquiriendo un color uniforme, blanco brillante, para poco a poco elevarse del suelo, flotando en el aire, hasta una altura considerable. Las nubes amarillas del lejano horizonte comenzarán en ese momento a acer­carse velozmente, y miles de pequeños y amarillos reptiles alados formarán de nuevo una espesa y silenciosa nube entre la tersa esfera y el brillante circulo azul de Sirio.

La esfera alcanzará en unos minutos su máxima amplitud, explotando después como un globo pinchado y lanzando en todas direcciones cientos de pequeñas bolas blancas que caerán rápidamente a tierra. Y miles de vocingleros rep­tiles, con agudos chillidos, se lanzarán tras ellas en picado, consiguiendo llegar tan solo unas pocas al seguro suelo. Los amarillos reptiles, incapaces de cazar en tierra, se alejarán entonces hacia las rojas montañas como nubes amarillas sobre el verde horizonte.

Foto tomada del blog "GIZMODO" (con color modificado)

Durante algún tiempo las blancas bolitas permanecerán inmóviles en el suelo para luego, con el lento despertar de la conciencia, comenzar a aplanarse y a ondular sus bordes, prefigurando lo que luego serán sus cincuenta peque­ños dedos.

Todas estarán pensando lo mismo:

'Dentro de unos meses tendré suficiente agilidad como para volver a la astro­nave y seguir aprendiendo. Si solo uno de nosotros teclea, y los demás obser­vamos, la máquina seguirá pensando que es un solo Gedeón el que está estudian­do.'

A los siete años Gedeón será ya Doctor en Astrofísica, a los siete y medio, Doctor en Exobiología, a los ocho, en Historia del Imperio Medio Americano, a los ocho y dos meses... Pero todo tiene un limite, y en el futuro también lo tendrá: cuando a los nueve años Gedeón sea el más joven Ingeniero de Ca­minos, Canales y Puertos del universo, un persistente zumbido y una luz ro­ja intermitente sobre el videoterminal llamará la atención de las semiesferas azules y rosas, y una de ellas oprimirá el botón marcado 'ON'.

Un canoso pero Magnifico rostro aparecerá en la pantalla.

‑ Buenos días,.. Espero que sea de día en su hábitat... Soy el Doctor Dumb­found, Rector Magnifico de la Universidad de Tramape. Desearía hablar con el Doctor Gedeón.

SOY YO, teclearán unos ágiles dedos azules.

El rostro se iluminará con una Magnifica sonrisa.

‑ Doctor, es para mi un verdadero honor el comunicarle que el Claustro de profesores de mi Universidad ha decidido ofrecerle la oportunidad de acceder al puesto de Catedrático Numerario de Dactilografía. Las estadísticas que nos ha suministrado nuestro ordenador central muestran, sin ningún género de dudas, que jamás en la historia de la humanidad ha existido nadie que te­clee tan rápido.

Un Magnífico tic nervioso hará que el Doctor Dumbfound guiñe el ojo izquier­do tres veces consecutivas, quedando con esto claro que no será uno de esos amables y casi inmutables rostros programados.

‑ Naturalmente, antes del nombramiento definitivo, deberá pasar unos años de prueba como PNN, pero estoy seguro de que los superará usted fácilmente.

Gedeón se quedará unos instantes considerando la Magnifica oferta.

EN QUE CONSISTE LA PRUEBA DE LOS PNN ?

El rostro del Doctor Dumbfound mostrará una Magnífica sorpresa.

‑ Es bien simple. Comprenderá Usted que no puede entrarse a formar parte de un tan distinguido cuerpo basándose tan solo en los conocimientos del aspi­rante... Para llegar a Catedrático hace falta tener buenos padrinos. La prue­ba consiste precisamente en mostrar un servilismo tal, como Profesor No Numerario, que sea capaz de con­vencer a un grupo de catedráticos de que el aspirante...

¡Clic!

‑ Doctor Gedeón: permítame que me presente ‑ dirá un nuevo rostro de ojos pe­netrantes y nariz aguileña ‑ Me llamo Strudelheim, y soy Vicepresidente de la Fundación Univesidad‑Consumo. El Doctor Dumbfound, como Rector Magnífico, encabeza el cuerpo de catedráticos... pero el cerebro soy yo. Mientras Uste­des conversaban he estado examinando su expediente... Comprederá que una de mis más delicadas misiones es cuidar de que nuestros sabios no metan la pata demasiado frecuentemente... He visto que ha cursado Usted hasta ahora catorce carreras superiores. ¿Exacto?

EXACTO

‑ Aquí dice por error que tiene Usted nueve años. ¿Cual es realmente su edad?

TENGO NUEVE A*OS ESTANDAR. SU INFORMACIÓN ES CORRECTA.

(Obsérvese el detalle del asterisco. Se deberá a que el videoterminal y el ordenador central serán de diferentes marcas, y, ni siquiera en el año del camaleón, se habrán puesto de acuerdo los diferentes fabricantes de or­denadores en la forma de representar internamente la letra Ñ. Naturalmente, Gedeón creerá que el asterisco es la forma habitual de representar el sonido Ñ, pero esto no tendrá importancia, porque en el otro extremo de la línea aparecerá la letra correctamente).

‑ Es lo que suponía ‑ mintió Strudelheim descaradamente ‑ Sería desconso­lador encontrar un error en los archivos de nuestro ordenador... Bien, Doc­tor Gedeón, creo que no vale la pena de que considere la propuesta del Doctor Dumbfound: Yo le ofrezco, en nombre de la Fundación Universidad‑Consu­mo, el puesto de Colaborador Extraordinario para la difusión de la Ciencia y la Cultura en los Mundos Habitados. Tomará Usted la próxima astronave y se reunirá conmigo en Tramape.

POR AQUÍ NO PASAN NORMALMENTE ASTRONAVES: LA NUESTRA ESTÁ AVERIADA Y NO TENEMOS MATERIALES ADECUADOS PARA REPARARLA. ADEMÁS PREFIERO ESPERAR UN PAR DE A*OS PARA COMPLETAR MIS ESTUDIOS. QUE LE PARECE SI ENTONCES ME LLAMA Y NOS PONEMOS DE ACUERDO ?

Los ojos del Señor Strudelheim se moverán varias veces de izquierda a de­recha, leyendo el largo texto y , sin inmutarse ante la doble sorpresa de que rechazase su oferta y de que aún considerara que no había completado sus estudios, contestará:

‑ Como Usted prefiera. Dentro de dos años le volveré a llamar.

A los once años dejará Gedeón de utilizar el videoterminal, porque ya no tendrá nada que enseñarle, y nadie oprimirá la tecla 'ON' a pesar de los insistentes zumbidos y del parpadeo de la luz roja.

Seis meses después Strudelheim decidirá finalmente organizar una expedición que, después de seis meses más, aterrizará en una lujosa astronave junto a la vieja y rota GEDEON.

El primero en bajar, convenientemente protegido por su escafandra espacial, será el propio Strudelheim, Vicepresidente de la Fundación y vocal de 108 consejos directivos de casi todas las grandes compañías de comercio e in­dustria interestelares. Y también será él el primero en entrar en la vie­ja astronave y en llevarse la desagradable sorpresa de encontrar, intactos en sus cápsulas de semihibernación, los cadáveres de tres hombres, dos mu­jeres y un niño de diez o doce años.

‑ Grave pérdida para la Ciencia... ‑ dirá el Doctor Mablonde después de sacarse de la manga la plausible teoría de que la nave se estrelló al in­tentar despegar para abandonar el inhóspito planeta.

‑ Grave pérdida para la Economía. ‑ corregirá Strudelheim que habría pen­sado hacer grandes negocios exhibiendo al niño prodigio en todas las Uni­versidades de los Mundos Habitados.

‑ Lo único que podemos hacer es llevarnos al pequeño para que su cerebro sea estudiado en Tramape. ‑ dirá el Doctor Waterproof ‑ quizás encontremos la razón por la que pudo desarrollarse tan inmensa y precoz inteligencia.

‑ Nos llevaremos al pequeño, ‑ asentirá Strudelheim ‑ pero a los mayores los enterraremos aquí mismo. No resultaría económico acarrear tanto peso... muerto.

Un par de tripulantes se encargarán del entierro, abriendo una gran fosa entre las hierbas violaceas.

‑ Mira, Curro, ‑ dirá Perico señalando una pequeña semiesfera blanca de bordes ondulados ‑ ¿que es esa cosa tan asquerosa?

Curro se inclinará para verla de cerca.

‑ Un gusano esperando a que enterremos a sus muertos.

Más tarde será Mablonde quién encontrará una y, cogiéndola con cuidado, se la enseñará a Waterproof.

‑ Humm... ‑ murmurará este asintiendo levemente con la cabeza.

Y Mablonde la dejará caer descuidadamente al suelo.

‑ ¿Que porquería es esta? ‑ preguntará a su vez Strudelheim al encontrar otra.

‑ Es un espécimen neonato de Gedeonis Gedeonis. ‑ dirá Mablonde.

‑ Un curioso cefalópodo descubierto por el Doctor Gedeón. ‑ aclarará Water­proof ‑ Su tesis doctoral sobre exobiología lo describe prolíficamente... Es el único animal conocido que no respira... que no necesita oxígeno. Se alimenta exclusivamente de materia cornea, de las escamas de ciertos reptiles voladores que abundan en este planeta...

‑ ¿Podría vivir en una atmósfera normal ?

‑ Por supuesto, por supuesto...

Strudelheim aguzará la vista y descubrirá enseguida los miles de gedeones que estarán esperando entre las hierbas ser descubiertos. Su sentido comercial no necesitará aguzarlo.

‑ ¡Entierren al niño junto a sus padres! ‑ ordenará ‑ No me parece ético separarlos, ni útil examinar su cerebro. Llevamos siglos analizando los cerebros de nuestros mayores sabios y nunca hemos encontrado nada fuera de lo normal... Y... por cierto, para que este viaje no haya sido totalmen­te en vano, nos llevaremos tantas babosas de esas como podamos.

‑ Morirán de inanición en el camino... ‑ advertirá Mablonde.

‑¿No se alimentan de sustancia cornea?. Pues les daremos a comer nuestras uñas, cuando nos las cortemos, y, si hace falta, toda la tripulación se cortará periódicamente el pelo al cero. Además, por si no es suficiente, las llevaremos hibernadas.

Y así, seis meses después será el Año del Gedeón. Y todo hombre rico que se precie será el feliz poseedor de uno. Y los millonarios de todo el uni­verso tendrán dos. E incluso algún estrafalario multimillonario llegará a tener tres y hasta cuatro hermosas babosas azules y rosas con cincuenta repugnantes deditos.

Y pronto se considerarán más afortunados de lo que inicialmente hubieran podido imaginar. Porque no tardarán en darse cuenta de la poco común inte­ligencia de los gedeones y de sus vastos conocimientos en las más insólitas materias, que los convertirán en sus más preciados ayudantes.

Y seis años después, libres de las amarillas nubes de reptiles voladores, los gedeones se multiplicarán en todo el universo por diez mil, y tendrán a su cargo la dirección de toda la investigación, de todas las grandes indústrias, de los imperios comerciales...

Y seis años después, millones y millones de gedeones se repartirán equita­tivamente los hombres, cuyos pelos, vellos y uñas constituirán la base de su dieta alimenticia, completada con sustancias corneas artificiales.

Y seis a*os después volverá a ser el a*o de un animal de la vieja Tierra: Será el a*o del hombre. Y los gedeones acomodados poseerán uno. Y los ri­cos, dos. Y los grandes millonarios podrán tener tres y hasta cuatro ado­rables criaturas de sabrosas u*as y exquisitos cabellos negros, pelirro­jos, rubios y casta*os.

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Cuando escribí este cuento, el código interno de los ordenadores no contenía ni el signo de apertura de las interrogaciones ni la letra ñ. Había que utilizar otro caracter como si fuera la ñ, normalmente la barra inclinada, que podía verse correctamente si en la impresora se sustituía un caracter por otro. Hubo un momento en que se llegó a hablar de sustituir la ñ por una combinación de consonantes. Afortunadamente se amplió el número de bits con que se representaban los caracteres y la ñ y muchos otros caracteres tienen ahora su debida representación.



4 comentarios:

  1. Es un gran cuento, Florentino, muy creativo y bien escrito. Me parece muy llamativo desde el momento en que hablas sobre el futuro como algo que no ha pasado pero que indudablemente pasará. Hay cierto tono de fantasía, de leyenda más bien, que me gusta mucho, y que usaba Cordwainer Smith en sus historias. En qué a*o escribiste esto?, siento curiosidad.

    Saludos!! :D

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  2. Damián: No recuerdo el año exacto, pero debió ser entre 1974 y 1976

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  3. Muy bueno, me he quedado pillada

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