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jueves, 25 de junio de 2015

Sacrificios

Los sacrificios humanos fueron prohibidos en Roma el año 97 a.C., tanto si tenían por objeto la adivinación como si se trataba de ofrendas a los dioses. En los pueblos antiguos - celtas, vikingos, griegos, fenicios,... - eran frecuentes los sacrificios humanos para aplacar la ira de los dioses o para que se mostraran propicios. 


En particular,sacrificar al propio hijo debía considerarse muy meritorio. Los casos más conocidos, aunque no llegaron a término, son quizás el de Agamenón sacrificando a su hija Ifigenia antes de la guerra de Troya, y el de Abraham, sacrificando a su hijo (Isaac según la Biblia, Ismael según el Corán), a petición de Yahvé, para mostrarle su inquebrantable fe y obediencia. En el primer caso el sacrificio fue interrumpido por la diosa Artemisa, y en el segundo, por el propio Yahvé que sustituyó al niño por un cordero.

En el mito griego del banquete de Tántalo, tal como ha llegado a nosotros, Tántalo ofrece un banquete a los dioses y les da a comer, sin que ellos lo sepan, a su propio hijo Pélope. Los dioses descubren horrorizados el engaño, castigan a Tántalo, y reconstruyen a Pélope. Pero el mito de Tántalo es "míticamente" (no históricamente, por supuesto) muy anterior al sacrificio de Ifigenia, y por tanto corresponde a una época en la que sacrificar a los hijos era muy apreciado por los dioses. Por tanto, en el mito original, lo que ocurría era probablemente lo contrario: Tántalo ofrece a los dioses a su hijo en sacrificio, pero sacrifica a otro (¿un esclavo?). Los dioses se dan cuenta del engaño y castigan a Tántalo.  

El sacrificio de animales era, por supuesto, mucho más frecuente. Abraham era originario de Ur, donde la petición de Yahvé seguramente no era una cosa rara, pero en los templos de Mesopotamia lo que más se sacrificaba - y en cantidades ingentes - eran animales para alimentar y contentar a sus dioses.

Los dioses griegos y romanos no necesitaban que los alimentaran, se bastaban a sí mismos. Pero también se les ofrecían sacrificios para que les fueran favorables. Homero nos da repetidos  ejemplos de sacrificios. Así, por ejemplo, al principio del canto III de la Odisea, nos cuenta:

"Nueve grupos había, quinientos varones por grupo, y delante de sí cada grupo tenía nueve toros; las entrañas estaban comidas, quemaban los muslos para el dios... "

y en el canto XIV:

"...degollado y abrasada la piel, lo partieron y puso el porquero trozos crudos de todos los miembros en grasa abundante y arrojolos al fuego después de empolvarlos de harina."

Pero el sacrificio no termina con la ofrenda a los dioses. Termina cuando en el canto III se dice:

"Retiraron entonces las mollas asadas al fuego y, partidas en trozos, gozaron del rico banquete."

Y en el XIV:
 
 "En pedazos cortaron el resto y, clavado en espiches, con cuidado lo fueron asando... y sirvió a cada cual otra parte; diole a Ulises, no obstante, la cinta del lomo del cerdo..."

Es decir, el sacrificio se completaba compartiendo la comida con los dioses.

Tanto musulmanes como judíos siguen sacrificando actualmente (y comiendo) un cordero en determinadas fiestas. Los primeros, como renovación del sacrificio de Abraham; los segundos en conmemoración de la huida de Egipto. 
   
Cristo se sacrificó para redimir ante Dios-Padre a todos los hombres de sus pecados (ver la entrada Evolución). Pero el sacrificio no estaría completo si los que lo comparten no comieran la carne del sacrificado. Por eso Cristo, en la Última Cena instituye el sacramento de la Eucaristía. Haciendo que el pan y el vino sean su propia carne y sangre, nos hace partícipes de su sacrificio.   

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Los textos de la Odisea los he tomado de la traducción de J.M.Pabón, publicada por la editorial Gredos en su colección Biblioteca Clásica.

La imagen que acompaña al texto le he tomado del blog "Letras Libres"

jueves, 5 de diciembre de 2013

La creación según los aztecas

El dios Tonacatecuhtli y su esposa Tonacacíhuatl tuvieron cuatro hijos: Tezcatlipoca rojo, que nació todo colorado; Tezcatlipoca negro, que nació negro, sabía todos los pensamientos y conocía todos los corazones; Quetzalcóatl, también llamado “Noche y Viento”; y Huitzilopochtli, llamado  “Culebra con dos Cabezas” y “Señor del Hueso”, porque nació sin carne, solo con huesos, y estuvo así seiscientos años, en los que no hicieron cosa alguna los dioses.

Pasados seiscientos años, se reunieron los cuatro hermanos y encargaron a los dos pequeños que hicieran el fuego. Luego hicieron medio sol, que por no estar entero relumbraba poco. Luego hicieron un hombre y una mujer, Oxomoco y Cipactónal.  A él le mandaron labrar la tierra, y a ella que hilase y tejiese. A ella le dieron también ciertos granos de maíz para que con ellos curase y usase en adivinanzas y hechicerías, como así lo acostumbran a hacer hoy en día.

Hicieron los días y los dividieron en meses de veinte días. Hicieron al Señor y la Señora del Inframundo. Hicieron los cielos, empezando por el trece. Hicieron las aguas y criaron en ellas un pez grande, a modo de caimán, del cual hicieron la tierra.

Otros dicen que bajaron del cielo a una diosa, que tenía las articulaciones llenas de ojos y bocas, con las que mordía como una bestia salvaje. Ella caminaba sobre las aguas, pero Quetzalcóatl y Tezcatlipoca se convirtieron en grandes serpientes y, agarrándola uno de la mano derecha y del pie izquierdo  y el otro de la mano izquierda y el pie derecho tiraron tanto de ella que se rompió, haciendo con parte de ella la tierra.

Los otros dioses se enfadaron, y descendieron del cielo para consolarla, ordenando que de ella salieran todos los frutos necesarios para la vida de los hombres. Hicieron de sus cabellos árboles, flores y hierbas, y de su piel las hierbas muy pequeñas y pequeñas flores. De los ojos hicieron pozos, fuentes y pequeñas cavernas. De las bocas, ríos y grandes cavernas: De los hombros, montañas: y de los agujeros de la nariz, valles. (Esto recuerda la creación china en el mito de Pangú) 

Esta diosa lloraba a veces por la noche, porque quería comer corazones humanos, y no se callaba hasta que se los daban, y no daba frutos si no la rociaban primero con sangre humana. (excelente excusa para los sacrificios humanos, a los que eran tan aficionados los aztecas y otros pueblos americanos)
    
Los cuatro dioses vieron entonces que el medio sol que habían creado alumbraba poco, por lo que crearon el otro medio, haciéndose sol el propio Tezcatlipoca.

El sol que fue Tezcatlipoca no fue el primero de los soles que crearon los dioses. Fue el sexto.

Con el primer sol, “sol del agua”, todo se lo llevó el agua; todo desapareció, y las gentes se volvieron peces.

Cuando el segundo sol, “sol del tigre”, se hundió el cielo, vivieron gigantes, y el que se caía, caía para siempre.

Cuando el tercer  sol, “sol de lluvia”, llovió fuego y murieron todos los moradores. También llovieron las piedrezuelas que aún vemos.

El viento se lo llevó todo cuando el cuarto sol, “sol del viento”, y los hombres se volvieron monos y fueron esparcidos por los bosques.

El quinto sol, “sol del movimiento”, se movió caminando. En este habrá (¿futuro?) terremotos y hambre general, con que hemos de perecer.

Cuando Tezcatlipoca se hizo sol se criaron gigantes, con tantas fuerzas que arrancaban los árboles con las manos. No comían más que bellotas de encina.

Queztalcoatl le dio un bastonazo a Tezcatlipoca, que cayó al agua, se convirtió en tigre, y se comió a los gigantes. Quedó Quetzalcoatl como sol.  Con este sol los hombres se alimentaban solo de piñones.

Pero Tezcatlipoca derribó a Quetzalcoatl de una coz, y paso a ser Tláloc el nuevo sol .

A Tláloc le sucedió como sol su mujer, Chalchiutlicue. Llovió tanto que se cayeron los cielos y las aguas se llevaron a todos los hombres que había, que se convirtieron en peces. (también el primer sol produjo un "diluvio universal")

Hicieron entonces los dioses cuatro caminos para entrar en la tierra, crearon cuatro hombres para que les ayudaran y se convirtieron Tezcatlipoca y Queztalcoatl  en árboles enormes que, al crecer, volvieron a levantar el cielo.  Y una vez levantado el cielo caminaban por él, haciendo el camino que aparece en el cielo (¿la vía láctea?).

Después de levantar el cielo, hizo Tezcatlipoca una fiesta en honor de los dioses y sacó lumbre de unos palos.  Esa fue la primera vez que se hizo fuego con unos palos que tienen corazón, y la fiesta consistió en hacer muchos y grandes fuegos.

Después de haber levantado el cielo, dijeron los dioses : “¿Quiénes habitarán la tierra?”.  Fue entonces Quetzalcoatl al inframundo y pidió al señor y la señora de los muertos los preciosos huesos de los que habían sido sacrificados. El señor del inframundo le preguntó: “¿Qué harás con ellos?”, y él contestó “Los dioses tratan de hacer con ellos quien habite sobre la tierra”.

“Sea en buena hora”, dijo el dios de los muertos, “Haz sonar mi caracola y lleva los huesos cuatro veces alrededor de mi asiento de piedras preciosas”.

Pero Quetzalcoatl no usó la caracola, sino que llamó a los gusanos, que hicieron agujeros en el hueso, y entraron por ellos las abejas y lo hicieron sonar.

Al oírlo, se enfadó el dios de los muertos y ordenó a sus mensajeros que dijeran a Quetzalcoatl que volviera a dejarlos, pero él contestó: “No, me los llevo para siempre”.

Tras algún tropiezo, llevó Quetzalcoatl los huesos a la diosa Cihuacóatl-Quilaztli, que los molió. Quetzalcoatl sangró su miembro sobre ellos, y todos los dioses hicieron penitencia, sangrando sobre ellos, por lo que después nacieron los hombres.

Otra vez dijeron los dioses: “¿Qué comerán los hombres?”.

Cuando la hormiga roja fue a recoger maíz desgranado del cerro de la subsistencia, Quetzalcoatl se convirtió en hormiga negra y la acompañó, llevando los granos a los dioses, que los masticaron y lo pusieron en las boca de los hombres para robustecerlos.

Luego Nanáhuatl “el buboso” despedazó el cerro con un rayo, y los dioses de la lluvia arrebataron el alimento: el maíz blanco, el negro, el amarillo, el frijol, los bledos, la chía, huautli… todo el alimento fue arrebatado y entregado a los hombres.

Y dijeron los dioses: “Los hombres siempre estarán tristes si no hacemos algo para alegrarlos y para que tengan placer de vivir y nos alaben, canten y bailen”. Y también aquí fue Quetzalcoatl el que consiguió hacer, con los huesos de una diosa, una planta llamada metl (ágave) de la que los indios hacen el vino que beben y con el que se emborrachan.

Este texto está extractado del libro “Mitos y leyendas de los aztecas, incas, mayas y muiscas” de Walter Krickeberg, editado por el Fondo de Cultura Económica.

martes, 5 de noviembre de 2013

Los mitos chinos de Nüwa y de los diez soles

En el libro sobre “Mitología clásica china” (Editorial Trotta, 2004), con textos recopilados y traducidos por Gabriel García-Noblejas, profesor de traducción chino-español de la Universidad de Granada, además del mito de Pan Gu, al que ya dediqué una entrada, vienen el de Nüwa y el de los diez soles, de los que extraigo algunos párrafos:

Nüwa fue una mujer extremadamente sabia, una deidad de los tiempos remotos que alumbró todas las cosas y todos los seres.

Dice la tradición que tenía Nüwa la cabeza de persona y el cuerpo de serpiente, y que alumbraba setenta veces al día.

Se dice que cuando el cielo y la tierra estaban juntos e indistintos, y aún no había hombres ni pueblos, Nüwa, con una diligencia y una entrega que no conocían el descanso, hizo a las personas con arcilla amarilla que modelaba a mano de este modo: primero troceaba el barro con una soga y luego hacía las personas con los trozos, empleando arcilla amarilla para los nobles ricos y hebras de soga para los hombres pobres del pueblo.

Hubo en los últimos años de Nüwa un gran señor, llamado el patriarca Gonggong, que se aprovechaba de su posición para forzar la ley en beneficio propio…

… entró en batalla contra Dragón Luminoso, pero no venció, lo cual le encolerizó de tal modo que embistió con testa y cuernos el Monte Partido, provocando el derrumbamiento de las columnas del cielo y el hundimiento de una de las esquinas de la tierra.

El cielo se inclinó entonces hacia el noroeste, haciendo que la carrera de los soles, de las lunas y de los demás astros comenzase a ir en dicha dirección, y también la tierra, al estar incompleta en su esquina sureste, hizo que el curso de los ríos
 y de los desiertos virase en tal sentido.

Entonces estalló un vasto incendio imposible de apagar y hubo una enorme crecida de aguas imparable. Los cuadrúpedos salvajes empezaron a devorar a los hombres, que eran pacíficos, y las aves de presa y las rapaces a atacar con las garras tanto a los ancianos como a las mujeres y a los niños.

Así que Nüwa primero reparó el cielo azul con piedras de cinco colores fundidas, y luego lo levantó usando las patas cortadas de una tortuga gigante a modo de cuatro columnas. Dio muerte al dragón negro y detuvo las malas aguas, que se habían desbordado, por medio de diques que construyó con la ceniza de las cañas quemadas: así es como puso fuera de peligro la región del centro, llamada Ji. Así es como quedó reparado el cielo azul y erigidas las Cuatro Columnas, secadas las aguas malas y fuera de peligro la región del centro, muertos los nocivos animales y vivos los pacíficos hombres. Y la cuadrada tierra volvió a ser soporte y el redondo cielo a cubrirlo bien todo.

Luego de lo cual descansó callada y quietamente junto al Sumo Antepasado, y, sin hacer alarde de sus logros ni pregón de su fama, guardó para sí las artes de su perfección y se limitó a vivir conforme al curso de la Naturaleza.


Obsérvese que habla de la carrera de “los soles” y "las lunas" y es que inicialmente había diez soles, como vemos en el siguiente fragmento, aunque no sabemos cuantas lunas.

En las zonas extranjeras, hacia el occidente, por donde fluye el Gan, está el país de Xihé, la mujer que está bañando a los soles en el sudodicho río. Era mujer del emperador Jun. Es la madre de los diez soles.

En la parte superior del valle de Tang se halla el árbol Fusang. Los diez soles bajan a bañarse a dicho valle, que está al norte del país de los hombres Dientes-Negros. Crece en medio del agua este árbol enorme, subido a cuyas ramas vive un sol, y debajo de las cuales viven nueve.

Ocurrió, siendo Yao emperador, que salieron los diez soles a la vez quemando y agostando toda vegetación. El emperador mandó entonces a Yi, el Arquero, que los derribase a flechazos, de suerte que el arquero abatió nueve soles, y mató a los nueve cuervos que había en ellos, y sus plumas cayeron al suelo, no quedando más que uno en el cielo.

sábado, 5 de octubre de 2013

La creación según los egípcios

Según la egiptóloga Irene Cordón en un artículo sobre Menfis (Historia National Geographic, nº 113), el mito de la creación del mundo por el dios Ptah se  conserva  en un texto grabado en una losa de piedra de tiempos del rey Shabaka, de la dinastía XXV. Aunque se trate de una copia tardía, la Piedra de Shabaka recoge un texto de origen muy antiguo. Según la teología menfita, en un principio nada existía, excepto las profundas, frías e inamovibles aguas del Nun, el océano primigenio. nada se movía en aquel oscuro silencio. No había tierra ni cielo. Tampoco dioses, personas o luz. De forma inexplicable, emergió de entre las aguas una Colina Primordial, el Benben. Sobre ella apareció Ptah y empezó el proceso de la creación.

Según este importante relato sobre Ptah y las doctrinas asociadas a él, el dios se habría engendrado a sí mismo y habría creado el universo a través del Verbo, de lo que los egipcios llaman Palabra Imperativa. Precisamente se dice Ptah: "El Antiquísimo, aquel que ha dado la vida a todos los dioses y sus ka; Ptah, llamado "el autor de todo", aquel que ha hecho que los dioses existan". Este hacedor supremo también creó la luz, los seres humanos, los oficios, las ciudades y el movimiento. Para realizar dicho proceso, Ptah crea sirviéndose de dos órganos de su cuerpo: el corazón, que para los egipcios era la sede de la conciencia y de la memoria, y la lengua, para pronunciar la orden pensada con el corazón. Así, Ptah fue capaz de planear la creación con el corazón y luego de pronunciarla haciendo uso de su lengua. Según el mito, Ptah quedó satisfecho después de crear todas las cosas.

En otro lugar,  añade: El dios principal y protector de la ciudad (Menfis) era Ptah. esta divinidad se representa como un hombre de pie, que viste un sudario liso y va tocado con un ajustado bonete de artesano  en la cabeza. Lleva barba postiza, tiene la tez de color azul y sostiene en sus manos un cetro donde se combinaban el pilar djed, el cetro was y el ankh, símbolos de  estabildad, poder y vida.  también lleva un collar ancho y pesado con un imponente contrapeso colgando por la espalda. Su esposa, la poderosa Sekhmet, es la violenta e intransigente diosa con cabeza de leona que va tocada con el disco solar; colérica y feroz, estuvo casi a punto de destruir y extinguir a la humanidad al castigar la rebelión de los humanos contra su padre Re, el dios Sol. El hijo de Ptah y Sekhmet es Nefertum, la personificación de la flor de loto y de su perfume. Los tres forman la tríada menfita.

Los sacerdotes de Menfis consideraban que Ptah era un dios cosmogónico, demiurgo y creador, que escuchaba las oraciones y peticiones de sus fieles. En reconocimiento de ello, algunas de las estelas que se le dedicaban aparecen decoradas con unas grandes orejas talladas, para facilitar que el dios escuchara.  

Por otra parte, según la página web sobre "Mitos y leyendas egipcias" de "Profesor en línea", además del mito Menfita (que resume en apenas dos líneas), hay otro, originario de Heliópolis que, aunque con un inicio casi idéntico, atribuye la creación a Ra:

En el principio solo existía un océano infinito, Nun, que contenía todos los elementos del universo.  No existían ni el cielo ni la tierra, y los hombres aún no habían nacido. No había vida ni muerte. El espíritu del mundo se hallaba disperso en el caos, hasta que tomando conciencia se llamó a sí mismo: así nació el dios Ra.

Ra estaba solo; creó de su aliento el aire, Shu, y de su saliva a la humedad, Tefnut, y los mandó a vivir al otro lado de Nun.

Después hizo emerger una isla donde poder descansar; la llamó Egipto. Y como surgió de las aguas, vivirá gracias al agua; así nació el Nilo.

Ra fue creando a las plantas y a los animales a partir de Nun. Entretanto Shu y Tefnut tuvieron dos hijos, a los que llamaron Geb (tierra) y Nut (cielo). Geb y Nut se casaron; así, el cielo yacía sobre la tierra, copulando con ella. Shu, celoso, los maldijo y los separó sosteniendo al cielo sobre su cabeza, y sujetando a la tierra con sus pies; aún así, no pudo evitar que Nun tuviera hijas, las estrellas.

Ra había enviado a uno de sus ojos a buscar a Shu y Tefnut. Pero cuando regresó, otro oojo había ocupado su lugar. El primer ojo comenzó a llorar, hasta que Ra lo colocó en su frente, creando así al sol.

De las lágrimas del primer ojo nacieron los hombres y las mujeres,, que habitaron Egipto.

Y todas las mañanas, Ra recorría el cielo en una barca que flotaba sobre Nun, transportando así al sol. Cada noche, Nut se lo tragaba, y Ra continuaba su viaje por el infierno; si lo atravesaba, volvía a nacer de Nut, dando origen a un nuevo día.

Ra, el Único Creador, se hacía visible a todo el pueblo de Egipto bajo la forma del disco solar, pero también eta conocido bajo muchas otras. Era capaz de aparecer como un hombre coronado, como un halcón o bien como un hombre con cabeza de halcón, y tal como el escarabajo pelotero empuja las bolas de excrementos, los egipcios representaban a Ra como un escarabajo que empujaba al sol a través del cielo. 

Aparte del tema del océano primigenio, que se repite en muchas culturas, me llama la atención el que Ptah creara el universo a través del "verbo" o "palabra imperativa", lo cual, por una parte, recuerda al "Haya luz", "Haya firmamento", etc. del Génesis y, por otra, al "Al principio era el Verbo" del Evangelio de San Juan. También el que Ptah quedara satisfecho de su creación es análogo al bíblico "y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho".

jueves, 5 de septiembre de 2013

La creación según los indios quiché

El Popol Vuh es el libro que conserva las tradiciones de los indios que habitan la región del Quiché en Guatemala. En su primera parte relata el origen del mundo y la creación del hombre:

Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmovil, callado, y vacía la extensión del cielo.
Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: solo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra. Solo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.
No había nada junto, que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo.
No había nada que estuviera en pie; solo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia…

Es curioso que en casi todos los mitos el mar es anterior a la creación. Incluso en el Génesis no se menciona la creación del agua. Solo dice que Dios separó las aguas que están debajo de las que están arriba.

De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que este es el nombre de Dios…
El primero se llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxa-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo.
¿Tres personas y un solo Corazón del Cielo?

Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz…
Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la tierra: -¡Tierra!. Dijeron, y al instante fue hecha.
Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas.
Solamente por un prodigio, solo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.
… se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros…
Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, cantiles, guardianes de los bejucos.
… - Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos…
… - Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos…
Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho por el Creador y Formador y los Progenitores: - Hablad, gritad, gorjead, llamad…
- Decid, pues, nuestros nombres, alabadnos… invocadnos, adoradnos!, les dijeron.
Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; solo chillaban, cacareaban y graznaban…
Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se dijeron entre si:… Esto no está bien… ¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; ¡hagamos al que nos sustentará y alimentará!...
También en la mitología mesopotámica, la razón principal para crear al hombre era alimentar y sustentar a los dioses, además de alabarlos.

… de tierra, de lodo hicieron la carne del hombre. Pero vieron que no estaba bien, porque se deshacía, estaba blando, no tenía movimiento, no tenía fuerza, se caía, estaba aguado … no podía ver hacia atrás… no tenía entendimiento…
¡A ver si van a tener razón los que interpretan el Génesis al pie de la letra, y estamos hechos de barro! Los síntomas son claros.

…fueron hechos los muñecos labrados en madera… Existieron y se multiplicaron; tuvieron hijas, tuvieron hijos los muñecos de palo; pero no tenían alma ni entendimiento, no se acordaban de su Creador, de su Formador…
En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los muñecos de palo, y recibieron la muerte.
Una gran inundación fue producida por el Corazón del Cielo; un gran diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas de los muñecos de palo.
Entonces se vengaron de ellos todos los animales, grandes y pequeños, las piedras de moler, sus propios perros, y ¡hasta sus ollas!:

Y a su vez sus comales, sus ollas les hablaron así: - Dolor y sufrimiento nos causabais. Nuestra boca y nuestras caras estaban tiznadas, siempre estábamos puestos sobre el fuego y nos quemabais como si no sintiéramos dolor. Ahora probaréis vosotros, os quemaremos, dijeron sus ollas, y todos les destrozaron las caras. Las piedras del hogar, que estaban amontonadas, se arrojaron directamente contra sus cabezas causándoles dolor.
Desesperados corrían de un lado para otro; querían subirse sobre las casas, y las casas se caían y los arrojaban al suelo; querían subirse sobre los árboles y los árboles los lanzaban a lo lejos; querían entrar en las cavernas y las cavernas se cerraban ante ellos…
Y dicen que la descendencia de aquellos son los monos que existen ahora en los bosques…
¡Darwin, Darwin! Lo has interpretado todo al revés.
Aquí empiezan a aparecer una serie de héroes míticos, buenos y malos, que luchan entre sí. Triunfan los buenos, que son elevados al cielo como estrellas, sol y luna. Y es después de esto cuando los Progenitores dicen:

Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la tierra…
De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados…
Entonces existieron también sus esposas y fueron hechas sus mujeres. Dios mismo las hizo cuidadosamente. Y así, durante el sueño, llegaron, verdaderamente hermosas, sus mujeres, al lado de Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam.
Allí estaban sus mujeres, cuando despertaron, y al instante se llenaron de alegría sus corazones a causa de sus esposas.
Los textos los he seleccionado de la traducción de Adrián Recinos publicada en su 5ª edición en 1961 por el Fondo de Cultura Económica.

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No resisto la tentación de contar un par de anécdotas de cuando estuve en Chichicastenango, la capital del Quiché:

Era día de mercado y la plaza estaba llena de puestos donde se vendía de todo, desde legumbres y frutas hasta artesanías y "souvenirs" para los turistas. En la escalinata por la que se accedía a la iglesia, unos hombres quemaban incienso (o algo parecido). En el interior había muchas velitas encendidas en el suelo, y algunos indios hablaban con ellas (creo que con sus muertos). Me llamó la atención la imagen, no muy grande, de un santo de rojas mejillas, vestido con una túnica dorada que le cubría una enorme joroba. Estuve un rato intentando averiguar de que santo se trataba, ya que, aunque seguro que hay santos jorobados, no recordaba haber visto nunca la imagen de alguno. Finalmente me explicaron que lo que cubría la túnica no era una joroba, sino las alas de San Miguel arcángel.

Me acerqué a un puesto, atendido por una joven india, para comprar alguna artesanía y, mientras las examinaba, se acercó a ella un indio, también bastante joven, y le pidió matrimonio. Empezó reconociendo humildemente que el no se merecía una muchacha tan bella y honesta, pero que estaba completamente enamorado de ella y quería que fuera su esposa. Luego le explicó que con sus pocas posesiones (un huertecito y algunos animales), con su trabajo y con su amor, la haría feliz por el resto de su vida. Esto es un resumen; no podría repetir sus palabras exactas sin estropearlas. Lo que si puedo decir es que lo que oí, haciéndome el distraído con las artesanías, me pareció tan bello que, aunque no hubiera estado en Antigua ni hubiera visitado Tikal, hubiera valido la pena el viaje a Guatemala. Espero que se casaran y que hayan sido y sigan siendo tan felices como él le prometió.

jueves, 25 de julio de 2013

La creación según Ovidio

Publio Ovidio Nasón nació en el año 43 a.C. y murió en el 16 d.C. Uno de sus poemas más conocido es “Las metamórfosis” , sucesión de fábulas en las que, como el dice en su introducción, “He tomado la resolución de escribir en versos las transformaciones que ha habido de los cuerpos en nuevas formas… desde el principio del mundo hasta estos últimos tiempos”.

Extraigo parte de las dos primeras “fábulas”, que tratan sobre la creación del mundo, tomándolas de la traducción de Francisco Crivell, del tomo “Poetas latinos” de la colección “Los clásicos” editada por E.D.A.F. en 1962.

El mar, la tierra y el cielo, que por todas partes le sirve de bóveda, no eran antes otra cosa que un aspecto uniforme de la Naturaleza en todo el universo, al que los antiguos llamaron Caos, porque era una masa tosca e informe y un peso inerte, en que los principios de todos los seres estaban encerrados y confundidos… ni la tierra era sólida ni el agua fluida; al aire faltaba la luz, y en suma, ningún elemento tenía aún su propia figura… Hasta que últimamente Dios, o la Naturaleza más próbida, puso fin a todas estas desavenencias separando el cielo de la tierra; esta de las aguas, y el aire más raro del más denso.
…
Luego que aquel Dios, quienquiera que sea, dividió aquella masa, y así dividida la distribuyó en sus partes, hizo redonda primeramente la superficie de la tierra a modo de un grande globo, para que su superficie quedase por todas partes a igual distancia del centro. Extendió los mares y ordenó se embraveciesen con la rapidez de los vientos y que circundasen las riberas de la tierra, ceñida por todas partes de las aguas. Las distribuyó también en fuentes, estanques y lagunas; enfrenó en sus tortuosas márgenes… También mandó a los campos extenderse, a las selvas cubrirse de hojas, a los escarpados montes elevarse y a los valles abatirse… La providencia de aquel Dios dividió la tierra… La zona del medio es inhabitable a causa de su excesivo calor; la de los extremos están siempre endurecidas con el rigor de la nieve y el hielo; pero las otras dos son templadas, con la agradable alternativa de calor y frío. Sobre ellas está el aire… en él determinó que habitasen las nieblas, las nubes, los truenos, que atemorizan al hombre, y los vientos, que forman el rayo y el granizo… Colocó sobre estos el éter, más puro y ligero, que nada tiene del aire denso que nos rodea, y apenas había prescrito a todos estos seres límites fijos, cuando los astros, que habían estado ocultos en la masa común del caos, empezaron a brillar por todo el cielo… los plateados peces habitaron las aguas, las fieras poblaron la tierra, y las aves el aire. Faltaba aún en el mundo un animal más perfecto que todo esto, el cual, dotado de un espíritu más sublime, fuese capaz de mandar a los otros. Fue hecho el hombre, sea que le formase de su divina semilla el autor de la Naturaleza, origen del mundo más excelente, o que la nueva tierra, separada poco antes del sublime éter, encerrase dentro de su seno algunas partículas del cielo, nacido al mismo tiempo que ella, y Prometéo, amasándola con las aguas de los ríos, le dio una forma semejante a los dioses que todo lo gobiernan.

Y dice la Biblia: “Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la Tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella”.

Evidentemente Ovidio, aunque habla de Prometeo como creador del hombre, es más “científico” en su descripción de lo que se supone en un mito de origen remoto. Me parece destacable su descripción de la tierra, esférica y con una región ecuatorial, dos regiones templadas y dos polares. Y su suposición de que sobre el aire que nos rodea está el "eter", más puro y ligero.

También resulta curiosa su indeterminación sobre si la creación fue obra de un “Dios” o de la “Naturaleza”.

miércoles, 10 de julio de 2013

La creación según el Kalevala

El Kalevala es un compendio de leyendas finlandesas. La traducción que manejo es la de Juan B. Bergua, editada por Clásicos Bergua en 1967. Dada su longitud, extraigo aquí solo parte del texto sobre la creación:

El Tiempo había nacido, porque el Tiempo nació al hacerlo la primera criatura, y Luonnotar no era la primera criatura. Luonnotar era una virgen, una hermosa virgen hija de Ilma.
…
Vivía en medio de las vastas regiones del aire, recorriendo, por hacer algo, los espacios inmensos de la bóveda etérea. Más he aquí que de pronto sintió el aburrimiento de aquellos días iguales y sin fin.
…
Asi, un día aún más insoportable que los precedentes, descendió de las altas esferas y se lanzó mar adentro, hollando con sus pies de plata la blanca grupa de las olas.
Traqueteada por la tempestad… empezó a flotar, indiferente, de ola en ola a través de aquellas cimas líquidas coronadas de espuma. Haciéndolo, el soplo del viento vino a acariciar su seno, y el mar, fuente de vida, la hizo fecunda.
Durante siete siglos, durante nueve vidas de hombre, soportó su pesado fardo sin que el que debía de nacer naciese.
…
Pasó un instante, breve como instante, largo como espera, y de pronto un águila soberbia de caudalosas alas, tomando impulso empezó a cortar el espacio inmenso… con sus poderosas alas empezó a trazar surcos en el aire con estrépito inmenso, buscando un lugar donde hacer su nido, un lugar que pudiera servirle de morada.
…
…he aquí que la virgen del aire levantó una de sus rodillas por encima de las olas ofreciendo con ello al águila un espacio en el que establecer su morada, donde construir su nido tan amado.
Entonces el soberbio pájaro detuvo su vuelo al advertir la rodilla de la hija de Ilma sobresaliendo sobre la moviente superficie azul, creyendo que era una tierra capaz de cubrirse de verdura… y allí construyó su nido. Y en aquel nido puso seis huevos. Seis huevos de oro y aún un séptimo de hierro.
…
…bajó la rodilla para meterla en el mar y… los huevos rodaron al abismo, rompiéndose… Pero ni sus pedazos se perdieron hundiéndose en el légamo del fondo ni se mezclaron con el agua…
…
De la parte inferior de los huevos se formó la Tierra, madre de todos los seres; de la parte superior el sublime cielo; lo amarillo se tornó en Sol radiante; de lo blanco de los huevos nació la reina de las noches, la brillante Luna; ciertos pedazos moteados se transformaron en estrellas; otros negros, en las nubes del aire, entonces sombrías, porque cuando las cosas empiezan todo es caótico, hasta que el orden hace luz y trae calma.
…
Y pasó el noveno año y el décimo estío llegó. Entonces Luonnotar sacó la cabeza del agua y se puso, a su vez, a crear en torno a ella.
Por todas partes allí hacia donde extendía su mano, hizo surgir promontorios; donde… tocasen sus pies, horadó agujeros para los peces… abísmos… ensenadas, bahías y golfos… escollos fatales para los navíos… islas… No obstante, Vainamoinén no había nacido aún.
…
Aún le fue preciso al ya viejo e imperturbable Vainamonien pasearse en el seno de su madre durante treinta veranos.
…
Al fin, incapaz de soportar más aquella inactiva soledad, golpeó rudamente con el dedo sin nombre la puerta de la fortaleza hasta conseguir forzar el espeso tabique…
…
… durante siete y ocho años se sintió empujado de ola en ola, hasta que al fin pudo detenerse en un cabo desconocido. En una tierra al parecer no muy hospitalaria, despojada de plantas y de árboles.
…
A sobra de tiempo, puso en juego su espíritu y meditó a solas con su cerebro “¿Quién habrá de venir para sembrar estos campos? ¿Quién los llenará de gérmenes fecundos?”
Lo hizo… Sampsa, el dios de los campos… en las colinas nacieron pinos, en las alturas abetos, la maleza en los arenales. Los valles los llenó de arbustos jóvenes.

Luonnotar es la versión finlandesa de la griega Eurínome, con las diferencias de que esta se distraía bailando y aquella se aburría solemnemente, y de que la griega puso el Huevo Cósmico mientras que la finlandesa tuvo un hijo (que debió aburrirse aún más que su madre). Aquí el huevo, los huevos, los pone un águila. Lo intrigante es por qué uno de los huevos era de hierro. El Kalevala no lo explica.

lunes, 10 de junio de 2013

El huevo cósmico en los mitos griegos

Robert Graves, el autor del famoso “Yo, Claudio”, escribió un excelente libro sobre “Los mitos griegos” en el que va desgranándolos uno a uno, incluyendo su descripción, una exhaustiva bibliografía, y una interpretación personal basada en sus propias teorías de cómo y por qué se formaron.

Los primeros mitos que estudia son lógicamente los que se refieren a la creación del mundo, y el primero que cuenta, que traduzco de la versión italiana (I miti greci, Longanesi, 1963) es el siguiente:

Al principio, Eurínome, la diosa de Todas las Cosas, emergió desnuda del Caos y no encontró nada sólido donde posar sus pies: separó entonces el mar del cielo e inició sola una danza sobre las olas. Siempre danzando, se dirigió hacia el sur, y el viento que se arremolinaba a su espalda le pareció algo nuevo y distinto; pensó por ello comenzar con él le obra de la creación. Se volvió de improviso, agarró al Viento del Norte y lo restregó entre sus manos: y he aquí que apareció la gran serpiente Ofión. Eurínome bailaba para entrar en calor, danzaba con un ritmo cada vez más salvaje hasta que Ofión, lleno de deseo, enroscó con sus espiras los miembros de la diosa y se acopló a ella. Ahora bien, el Viento del Norte, también llamado Borea, es un viento fecundador; de hecho, a menudo, las yeguas, acariciadas por su soplo, conciben potrillos sin ayuda de un semental. Y así también quedó encinta Eurínome.

Inmediatamente, volando sobre el mar, tomó ella la forma de una paloma y, a su debido tiempo, puso el Huevo Cósmico. Por orden de la diosa, Ofión se enroscó siete veces en torno al huevo, hasta que se partió y emergió todo lo que existe, hijos de Eurínome: el sol, la luna, los planetas, las estrellas, la Tierra con sus montes, con sus ríos, con sus árboles y con las hierbas y las criaturas vivas.

Eurínome y Ofión se establecieron en el monte Olimpo, pero pronto Ofión irritó a la diosa vanagloriándose de haber creado del Universo. Eurínome le dio entonces una patada en la boca, le rompió los dientes y lo envió a las oscuras cavernas subterráneas.

La diosa creó después las siete potencias planetarias, y puso a cargo de cada una de ellas a una pareja de titanes: Tía e Hiperión a cargo del Sol; Febe y Atlas, de la luna; Dione y Crío, del planeta Marte; Metis y Ceo, del planeta Mercurio; Temis y Eurimedonte, del planeta Júpiter; Tetis y Océano, de Venus; Rea y Crono, de Saturno.

El primer hombre fue Pelasgo, antecesor de los pelasgos; él surgió del suelo de la Arcadia, seguido de otros hombres a los que enseñó a construir cabañas, y como nutrirse de bayas, y a coser túnicas de piel de puerco, similares a las que todavía visten la gente de Eubea y Fócida.

Observesé que Eurínome separó el mar del cielo (¿nuevamente las aguas que están de bajo de las que están arriba?). Y que pone a los titanes a cargo del sol, la luna y los planetas, al igual que Marduk, en el mito babilónico, los ponía a cargo de otros dioses.

Pero la escena que más me llama la atención es la de la diosa rompiendo a la serpiente los dientes, con los que inyecta el veneno a sus presas, de una patada. Esto me recuerda a la serpiente del Paraiso, a la que Dios dice: “…Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; este te aplastará la cabeza…” (con el pié, se supone).

Una variante de este mito pelásgico (pre-helénico) sustituye a Eurinome por Tetis y a Ofión por el rio Océano que circunda el universo, como la serpiente.

Una tercera variante del mito, que resumo, dice:

La Noche de alas negras fue amada por el Viento y puso un huevo de plata en el seno de la Oscuridad. Eros nació de ese huevo y puso en movimiento el Universo. Eros era un hermafrodita de alas doradas que tenía cuatro cabezas. Unas veces rugía como un león, otras mugía como un toro, silbaba como una serpiente o balaba como un carnero. Eros creó la tierra, el cielo, el sol y la luna, pero fue la Noche la que reinó en el universo hasta que su cetro pasó a manos de Urano.



El libro de Robert Graves ha sido publicado en dos tomos en castellano por Alianza editorial.

viernes, 10 de mayo de 2013

Un cuento chino sobre la creación

Este cuento lo he traducido de “Histories autour du ciel et de la terre”, una colección de cuentos chinos recogidos por Véronique Lagny Delatour y Xiaoquin Zeng, y publicado por Éditions “Le Verger des Hespérides” en 2009 en la colección “Tradition orale”:

Hace mucho tiempo, el mundo parecía un gran huevo en cuyo interior estaba todo mezclado: no había cielo, ni tierra, ni sol, ni luna, ni estrellas.

Dentro de este extraño huevo dormía el gigante Pangú. Durmió allí, apelotonado, durante un número de siglos que es imposible precisar, de tantos como fueron, aunque es verdad que el tiempo celeste pasa más lentamente que el terrestre.

Pero llegó el día en que se despertó. No se sabe por qué. Puede que simplemente porque había llegado el momento.

Descubrió que estaba demasiado oscuro dentro del huevo. Estaba oprimido y con una desagradable impresión de asfixia. Para sentirse se estiró. Separó los brazos y las piernas sin pensar en las eventuales consecuencias. Evidentemente, la cáscara del huevo no soportó la sacudida y comenzó a agrietarse. Pangú abrió entonces los ojos, pero todo seguía estando demasiado oscuro. Se impacientó y golpeó vigorosamente con los pies y los puños el magma negro que le envolvía y le impedía moverse. Se reía de los efectos de su brutalidad. Como sus brazos y sus piernas tenían la fuerza del acero, lo negro, concentrado durante siglos, comenzó a separarse. La parte más ligera, el yang, se elevó para convertirse en el cielo. La parte más pesada, el yin, cayó hacia abajo y se convirtió en la tierra.

Después de separar el cielo y la tierra, Pangú se encontró mucho mejor y dio un suspiro de alivio. Quiso levantar las manos, pero el cielo no estaba lo suficientemente alto y le bloqueó bruscamente. Pangú se sentó para reflexionar sobre su problema. En seguida se le ocurrió una solución: Sostendría el cielo con sus brazos.

Día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año ras año, cumplió su objetivo, sosteniendo el cielo sin descanso. Para alimentarse, sorbía los cendales de bruma que pasaban por delante de su boca. Su única preocupación, que no podía quedar sin consecuencia, era que no podía descansar, y aún menos dormir, sin arriesgarse a que el cielo se desplomara.

Empezó sentado, y a medida que la distancia entre el cielo y la tierra aumentaba, se iba estirando, pudiendo pronto adoptar la posición erguida.

El cielo estaba cada vez más alto. Pangú se convirtió en un gigante de miles de kilómetros de altura. Cuando el cielo quedó fijado a una buena distancia por encima de la tierra, Pangú se sintió extremadamente cansado. Levantó la cabeza para mirar al cielo. Luego bajó los ojos para contemplar la tierra, y se dijo que la distancia entre los dos era ya suficiente para permitir el desarrollo de la vida. Cansado, se tumbó para echar una siesta bien merecida después de tantos siglos de intensos esfuerzos. Estaba tan cansado que no tardó en dormirse.

Pero he aquí que su sueño atrasado era tan grande que jamás volvió a despertarse. Sin embargo continuó soñando y reflexionando sobre la creación del mundo. Él se decía: “La existencia del cielo y de la tierra no es suficiente. Hace falta un sol, una luna, corrientes de agua, montañas y seres vivos para poblar toda esta inmensidad.”

Como no tenía fuerza ni para despertarse, decidió donar su cuerpo para crear el mundo. Por eso su cabeza se convirtió en la montaña del Este. Su cuerpo, la montaña del centro. Sus pies dibujaron la montaña del Oeste. Su brazo izquierdo, la montaña del Sur. El derecho, la del Norte. Estas cinco montañas fijaron así los cuatro puntos cardinales y el centro del mundo. Pangú construyó consigo mismo las cinco columnas gigantes que sostienen la bóveda celeste.

A continuación, su ojo izquierdo se convirtió en el sol, estrella que da calor y luz. Su ojo derecho se convirtió en la luna, astro que aclara la noche. Cuando abre su ojo derecho, la luna está llena, y cuando lo cierra, en cuarto.

Sus cejas y sus cabellos se transformaron en estrellas. El viento que salía de su boca se transformaba, según las circunstancias, en viento, en nubes o en bruma. Prestó su voz al trueno y a la tormenta. Su carne se convirtió en tierra fértil y nutritiva, sinónimo de cultivos. Sus huesos y sus dientes se convirtieron en minerales preciosos: oro, plata y jade, por mencionar solo los más importantes.

Su sangre hizo los ríos, su sudor, la lluvia y el rocío. Su vello hizo nacer las flores, las hierbas y los bosques. En cuanto a su alma, aportó los pájaros, los animales y todos los seres vivos.

El gigante Pangú dio su vida para el nacimiento del mundo. Por esto, aún hoy día, hay que respetar la obra de Pangú y cuidar de no estropear su creación.

No figura en el libro ninguna indicación sobre la posible antigüedad del cuento, pero aunque hay algunas “contaminaciones” posteriores, como medir la altura de Pangú en kilómetros, es realmente antiguo: lo encontré posteriormente en un libro sobre “Mitología clásica china” (Editorial Trotta, 2004), con textos recopilados y traducidos por Gabriel García-Noblejas, profesor de traducción chino-español de la Universidad de Granada. En este libro, el primer mito que aparece es precisamente el de Pan Gu. Traduce el autor párrafos de tres libros chinos, dos de ellos del siglo III, que se complementan, con pequeñas diferencias entre sí .


Como en los mitos hebreo y babilónico, hay una “separación de las aguas”, aunque aquí las aguas sean una materia negra y opresiva. Como en el babilónico, la tierra se construye con el cuerpo de un ser gigantesco. Y como en otros mitos, que veremos, aparece el “huevo cósmico”.

sábado, 20 de abril de 2013

Adán y Eva - 3 - El relato bíblico

James Ussher (1581-1656), arzobispo de Armagh (Irlanda), debe su fama a haber calculado con extrema precisión que Dios creó el mundo al atardecer del 22 de octubre del año 4004 antes de Cristo. No fue el único que utilizó los datos que proporciona la Biblia para calcular esa fecha: científicos de tanto renombre como Johannes Kepler (1571-1630) e Isaac Newton (1642-1727) calcularon que fue en el 3992  y en el 4000 a.C. respectivamente. Pero ¿que datos proporciona la Biblia?

Desde Adán y Eva hasta Salomón la Biblia nos da la lista ininterrumpida de padres e hijos con la edad del padre cuando lo tuvo (hay distintas versiones, algunas con cifras disparatadas, fruto probable de traducciones incorrectas). Desde Salomón hasta la destrucción del templo de Jerusalén y la cautividad en Babilonia, da la longitud de cada uno de los reinados, y desde ese momento en adelante, los hechos relatados se pueden correlacionar con hechos históricos contrastados.

Con un margen de error, que puede ser relativamente alto, y prescindiendo de que evidentemente toman los siete días de la creación literalmente como siete días normales, parece claro que la Biblia sitúa a Adán y Eva en Mesopotamia, donde localiza al jardín del Edén, en los alrededores del año 4000 a.C. Me parece importante notar que es precisamente por esas fechas cuando en Mesopotamia se produce la transición de la prehistoria a la historia.

Pero ¿no eran Adán y Eva los padres de todo el género humano? ¿Como se compagina esto con que los primeros homo sapiens aparecieran en África unos 190.000 años antes?

Creo que en el relato del Génesis se mezclan dos parejas Adán-Eva: una "mítica" que es expulsada del Jardín del Edén 190.000 o más años antes, y otra, que podemos llamar "histórica", de la que descienden los "hijos de Dios". Dice el Génesis al principio del capítulo 6: "Cuando comenzaron a multiplicarse los hombres sobre la tierra y tuvieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de entre ellas por mujeres las que bien quisieron".

La interpretación más corriente de este párrafo es que los "hijos de Dios" son Set (tercer hijo de Adán y Eva) y sus descendientes, mientras que las "hijas de los hombres" son las descencientes de Caín (el primer hijo). Yo más bien creo que simplemente Set (hijo de la pareja "histórica") y sus descendientes tomaron por esposas a hijas de sus coetáneos. Claro que, si suponemos que Caín era hijo de la pareja "mítica", ambas interpretaciones son compatibles.

Desde el punto de vista religioso lo importante es, por supuesto, la historia de la pareja "mítica". No porque existiera de hecho, sino porque en su relato se encuentran algunas importantes ideas teológicas. La primera es que el hombre fue "modelado" por Dios. A partir de algo preexistente: "arcilla" para el relator, que difícilmente podría imaginar la evolución. Nosotros podemos perfectamente aceptar que lo "modeló" a partir del mono.

El "mono" evolucionó pasando a ser "homínido" y, finalmente, "hombre". Pero ¿en que momento el "hominido" pasa a ser "hombre"? El relato bíblico nos da una pista: Cuando come del árbol de la ciencia del bien y del mal. Es decir, cuando fue capaz de distinguir entre el bien y el mal. Desde un punto de vista antropológico podría considerarse que era hombre mucho antes, o después. Desde el punto de vista religioso, sin embargo, parece que ese es el momento lógico: mientras no distinguiera el bien del mal no era más que un animal más o menos evolucionado que, al no tener conciencia de pecado y de culpa, vivía en un "Edén" mental, no necesariamente físico.

Porque ¿para qué coloca Dios el árbol de la ciencia del bien y del mal en el jardín? Él, sin duda, debía saber que Adán y Eva lo iban a probar. Quizás lo puso precisamente para que lo probaran (no para que pecaran, sino para que libremente escogieran entre el bien y el mal) y pasaran a ser verdaderamente "hombres" (ver la entrada "Evolución" de este blog). El árbol, como todo el relato, es una metáfora. Simplemente Adán fue consciente de que obraba mal, y su conciencia (el ángel de la espada flamígera) lo expulsó de su Edén mental.

La serpiente mítica hizo el papel de tonto útil. Su intención es que el hombre peque y se condene. Le tienta con un "Seréis como dioses". Pero ignora que Dios tiene prevista la Redención y que, como consecuencia los hombres podrán alcanzar la vida eterna (serán como dioses).

Resulta un poco arriesgado aventurar cual fue el pecado de Adán, un "pecado original" que nos salpica a todos. A mi me parece que el pecado original, más que un pecado, es una "tendencia hacia el pecado": Tendencia a ser envidiosos, tendencia a ser violentos, tendencia a ser egoístas, tendencia... Tendencia de la que solo estuvieron libres, para los católicos, Jesucristo y la Virgen María, "sin pecado (original) concebida", y a la que la "Gracia" concedida en el bautismo nos ayuda a enfrentarnos.

miércoles, 10 de abril de 2013

Un mito babilonio sobre la creación

Los poemas mesopotámicos más conocidos son “la epopeya de Gilgamesh”, datado hacia el año 2000 antes de Cristo, y el “Enuma elish”, terminado durante el reinado de Nabucodonosor I de Babilonia, hacia el 1100 a.C. El primero relata el viaje de Gilgamesh, el Noé sumerio, en busca de la inmortalidad. El segundo, la genealogía de los dioses, y como uno de ellos, Marduk, alcanzó la máxima dignidad tras derrotar a Tiamat y crear el mundo.

El título con que se conoce el poema corresponde a las dos palabras con que comienza: Enuma elish… Cuando en lo alto...

Cuando en lo alto el cielo aún no había sido nombrado,
y, abajo, la tierra firme no había sido mencionada con un nombre,
solo Apsu, su progenitor,
y la madre, Tiamat, la generatriz de todos,
mezclaban juntos sus aguas;
aún no se habían aglomerado los juncales, ni las cañas habían sido vistas.

Sigue la genealogía de los dioses y como Apsu (el abismo oceánico), en contra de la opinión de Tiamat (el mar tumultuoso), quiso matar a todos sus hijos, que los molestaban. Pero fue Ea “que conoce todas las cosas” quien lo mató a él, estableciendo sobre él…

… su cámara nupcial
en donde Ea con Damkina, su esposa, residieron en majestad.
En el Santuario de los Destinos, en esta Capilla de las Suertes,
fue procreado el más inteligente, el sabio de los dioses, el señor:
en el corazón del apsu nació Marduk.

Anu, que era su abuelo paterno, quedó maravillado de la perfección de Marduk, que tenía cuatro orejas y cuatro ojos.

Anu produjo y engendró entonces los cuatro vientos
que ofreció a Marduk: “¡Para que mi hijo se divierta!”.
Y creó la polvareda que hizo arrastrar por la tempestad;
y habiendo provocado la marejada, perturbó a Tiamat.

Otros dioses, molestos con Marduk, convencieron a Tiamat de que había llegado la hora de vengar la muerte de Apsu. Crearon seres monstruosos…

…hidras, dragones formidables y monstruos marinos,
leones colosales, perros furiosos, hombres-escorpiones,
monstruos agresivos, hombres-peces y bisontes gigantescos.

Varios dioses intentaron enfrentarse a Tiamat:

Yo he enviado a Anu, pero no pudo hacerle frente;
Nudimmud quedó aterrado y se volvió atrás.
Entonces se adelantó Marduk, el sabio de los dioses, tu hijo,
pues su corazón le había empujado a hacer frente a Tiamat.

Marduk se arma y desafía a Tiamat:

“…¡Que se equipe tu ejército, que ciñan sus armas,
y acude a mi encuentro para que yo y tú choquemos en combate!”
Al oir Tiamat estas palabras
se puso fuera de sí y perdió su razón.
Lanzó un grito en el paroxismo de su furor…
…
Se lanzaron al combate y se enzarzaron en un cuerpo a cuerpo.
Pero el Señor, desplegando su red, la envolvió con ella,
…
Él disparó su flecha y le atravesó su vientre;
Cortó su cuerpo por la mitad y le abrió el vientre.
…
La partió en dos partes, como si fuera pescado destinado al secadero
Y dispuso de una mitad, que la abovedó a manera de cielo.
…
En el hígado de Tiamat colocó las regiones superiores del cielo.
Hizo brillar a Nanna, a quien confió la noche,
y le asignó ser la joya nocturna para determinar los días.

El día se lo confió a Shasmash, que era tanto el sol como el dios del sol, al igual que Nanna era tanto la luna como la diosa de la luna. También asignó los planetas a otros dioses.

Marduk reunió la baba de Tiamat
y Marduk creó la niebla, que asignó a Adad.
Habiéndola condensado en nubes, la hizo flotar en el firmamento.
El surgir del viento, la caída del aguacero,
el vaho de la niebla, el amontonamiento de la espuma de Tiamat,
he aquí lo que le asignó en persona y que le hizo tomar a su cargo.
Y habiendo dispuesto su cabeza, amontonó sobre ella una Montaña,
en donde abrió una fuente, en la cual tembló una ola;
hizo fluir de sus ojos el Eúfrates y el Tigris
y tapó sus narices que reservó para las crecidas;
sobre sus pechos amontonó las lejanas montañas
y dentro de ellas hizo nacer manantiales para que se deslizaran en cascada.
…
Después, desplegando su red, la desenvolvió por todas partes,
formando así una envoltura para el cielo y la tierra,
y asegurando perfectamente su cohesión,
enseguida determinó las reglas de su buena marcha y agenció los estatutos de funcionamiento.

Siguen innumerables alabanzas a Marduk. Este es el objetivo primordial del poema, la exaltación de Marduk.

Los fragmentos anteriores han sido tomados de la traducción de Federico Lara Peinado, publicada en 1994 por Editorial Trotta. También de Lara Peinado hay una traducción del poema de Gilgamesh, publicado por Editorial Tecnos en 1988. Para los interesados en conocer la religión mesopotámica, Trotta editó en 2001 el excelente libro “La religión más antigua: Mesopotamia” de Jean Bottéro.

Solo una observación: Tiamat era el mar tumultuoso. Al partirla en dos y colocar una de sus partes como cielo, hizo lo mismo que el dios hebreo en el segundo día de la creación: “Dijo luego Dios: “Haya firmamento en medio de las aguas, que separe unas de otras”; y así fue. E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento.”

No hay que olvidar que Abraham era mesopotámico y salió de Ur para fundar el pueblo israelita, por lo que su concepción de cómo era el universo es lógico que fuera la misma (tierra rodeada de aguas, y aguas rodeando el firmamento). Pero sobre como se hizo el universo, ambas versiones no pueden ser más diferentes.