Según la
egiptóloga Irene Cordón en un artículo sobre Menfis (Historia National
Geographic, nº 113), el mito de la
creación del mundo por el dios Ptah se
conserva en un texto grabado en
una losa de piedra de tiempos del rey Shabaka, de la dinastía XXV. Aunque se
trate de una copia tardía, la Piedra de Shabaka recoge un texto de origen muy
antiguo. Según la teología menfita, en un principio nada existía, excepto las
profundas, frías e inamovibles aguas del Nun, el océano primigenio. nada se
movía en aquel oscuro silencio. No había tierra ni cielo. Tampoco dioses,
personas o luz. De forma inexplicable, emergió de entre las aguas una Colina
Primordial, el Benben. Sobre ella apareció Ptah y empezó el proceso de la
creación.
Según este importante relato sobre Ptah y las
doctrinas asociadas a él, el dios se habría engendrado a sí mismo y habría
creado el universo a través del Verbo, de lo que los egipcios llaman Palabra
Imperativa. Precisamente se dice Ptah: "El Antiquísimo, aquel que ha dado
la vida a todos los dioses y sus ka; Ptah, llamado "el autor de
todo", aquel que ha hecho que los dioses existan". Este hacedor
supremo también creó la luz, los seres humanos, los oficios, las ciudades y el
movimiento. Para realizar dicho proceso, Ptah crea sirviéndose de dos órganos
de su cuerpo: el corazón, que para los egipcios era la sede de la conciencia y
de la memoria, y la lengua, para pronunciar la orden pensada con el corazón.
Así, Ptah fue capaz de planear la creación con el corazón y luego de
pronunciarla haciendo uso de su lengua. Según el mito, Ptah quedó satisfecho
después de crear todas las cosas.
En otro
lugar, añade: El dios principal y protector de la ciudad (Menfis) era Ptah. esta
divinidad se representa como un hombre de pie, que viste un sudario liso y va
tocado con un ajustado bonete de artesano
en la cabeza. Lleva barba postiza, tiene la tez de color azul y sostiene
en sus manos un cetro donde se combinaban el pilar djed, el cetro was y el
ankh, símbolos de estabildad, poder y vida. también lleva un collar ancho y pesado con un
imponente contrapeso colgando por la espalda. Su esposa, la poderosa Sekhmet,
es la violenta e intransigente diosa con cabeza de leona que va tocada con el
disco solar; colérica y feroz, estuvo casi a punto de destruir y extinguir a la
humanidad al castigar la rebelión de los humanos contra su padre Re, el dios
Sol. El hijo de Ptah y Sekhmet es Nefertum, la personificación de la flor de
loto y de su perfume. Los tres forman la tríada menfita.
Los sacerdotes de Menfis consideraban que Ptah era
un dios cosmogónico, demiurgo y creador, que escuchaba las oraciones y
peticiones de sus fieles. En reconocimiento de ello, algunas de las estelas que
se le dedicaban aparecen decoradas con unas grandes orejas talladas, para
facilitar que el dios escuchara.
Por otra
parte, según la página web sobre "Mitos y leyendas egipcias" de
"Profesor en línea", además del mito Menfita (que resume en apenas dos
líneas), hay otro, originario de Heliópolis que, aunque con un inicio casi
idéntico, atribuye la creación a Ra:
En el principio solo existía un océano infinito,
Nun, que contenía todos los elementos del universo. No existían ni el cielo ni la tierra, y los
hombres aún no habían nacido. No había vida ni muerte. El espíritu del mundo se
hallaba disperso en el caos, hasta que tomando conciencia se llamó a sí mismo:
así nació el dios Ra.
Ra estaba solo; creó de su aliento el aire, Shu, y
de su saliva a la humedad, Tefnut, y los mandó a vivir al otro lado de Nun.
Después hizo emerger una isla donde poder descansar;
la llamó Egipto. Y como surgió de las aguas, vivirá gracias al agua; así nació
el Nilo.
Ra fue creando a las plantas y a los animales a
partir de Nun. Entretanto Shu y Tefnut tuvieron dos hijos, a los que llamaron
Geb (tierra) y Nut (cielo). Geb y Nut se casaron; así, el cielo yacía sobre la
tierra, copulando con ella. Shu, celoso, los maldijo y los separó sosteniendo
al cielo sobre su cabeza, y sujetando a la tierra con sus pies; aún así, no
pudo evitar que Nun tuviera hijas, las estrellas.
Ra había enviado a uno de sus ojos a buscar a Shu y
Tefnut. Pero cuando regresó, otro oojo había ocupado su lugar. El primer ojo
comenzó a llorar, hasta que Ra lo colocó en su frente, creando así al sol.
De las lágrimas del primer ojo nacieron los hombres
y las mujeres,, que habitaron Egipto.
Y todas las mañanas, Ra recorría el cielo en una
barca que flotaba sobre Nun, transportando así al sol. Cada noche, Nut se lo
tragaba, y Ra continuaba su viaje por el infierno; si lo atravesaba, volvía a
nacer de Nut, dando origen a un nuevo día.
Ra, el Único Creador, se hacía visible a todo el
pueblo de Egipto bajo la forma del disco solar, pero también eta conocido bajo
muchas otras. Era capaz de aparecer como un hombre coronado, como
un halcón o bien como un hombre con cabeza de halcón, y tal como el escarabajo
pelotero empuja las bolas de excrementos, los egipcios representaban a Ra como
un escarabajo que empujaba al sol a través del cielo.
Aparte del tema del océano primigenio, que se repite en muchas culturas, me llama la atención el que Ptah creara el universo a través del "verbo" o "palabra imperativa", lo cual, por una parte, recuerda al "Haya luz", "Haya firmamento", etc. del Génesis y, por otra, al "Al principio era el Verbo" del Evangelio de San Juan. También el que Ptah quedara satisfecho de su creación es análogo al bíblico "y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho".
Me encanta saber que has querido contar "la creación" según los egipcios menfitas.
ResponderEliminarUn saludo,
Irene Cordón.